Alabardas: el último pulso de José Saramago

Siempre he creído que ser escritor es uno de los oficios más bellos posibles. Vivir a través de la escritura es un privilegio y un compromiso para quien lo ejerce; ser escritor es, sin duda, un modo de vida que no respeta horarios ni sufrimientos. Hay escritores, además,  como José Saramago que nunca dejaron de escribir a pesar de la enfermedad y las limitaciones físicas.

Cuando Saramago falleció en junio del año 2010, tenía escritas veinte cuartillas para una próxima novela a la que había titulado Alabardas Alabardas, espigardas, espigardas tomado de un epígrafe de Exortação da Guerra de Gil Vicente, dramaturgo y poeta portugués. Gracias a las notas de trabajo del propio Saramago rescatadas por la edición de Alfaguara de esta novela inacabada, podemos entrar en el mundo y las últimas preocupaciones de este escritor, preocupaciones relacionadas a la plena consciencia de su desgaste físico y al tiempo insuficiente para terminar de escribir la novela:

15-8-2009: “Es posible, quien sabe, que quizá pueda escribir otro libro”

Es gracias a estas notas de trabajo que el lector puede conocer cómo es que nace y de donde surge la idea para un libro. En este caso, la inquietud inicial para Saramago era el dato de que nunca ha existido una huelga en un fábrica de armas, y también podemos enterarnos de una anécdota elegida como el gancho de la novela: la historia de una bomba que no llegó a explotar en la Guerra Civil Española, pasaje mencionado brevemente por André Malraux en L’Espoir. De esta manera Saramago empieza a escribir la historia de Artur Paz Semedo, un hombre que trabaja en una fábrica de armas, y de su esposa, una mujer pacifista. Semedo comenzará a buscar información en los archivos de la fábrica sobre el periodo de guerras de los años treinta para tratar de llegar con más precisión al hecho sobre la bomba que no explotó y que él mismo leyó en el libro de Malraux.

En esas escasas cuartillas escritas por Saramago podemos apreciar ya las características de los personajes principales y el rumbo que podría  haber tomado la historia, aunque nunca sabremos con precisión su desenlace. La edición de Alfaguara de esta novela se complementa con dos textos de Roberto Saviano y de Fernando Gómez Aguilera inspirados en Saramago y en esta novela inconclusa, además de las ilustraciones de Günter Grass que acompañan la historia de Artur Paz Semedo. Pero sin duda, lo más interesante son esas notas de trabajo que nos permiten conocer cómo es que funciona la mente del escritor, las inquietudes que tiene y las ideas que va plasmando. Alabardas es un libro para la gente curiosa, para todos aquellos que deseen conocer la estructura de una novela, que aunque inacabada, deja ya un registro importante de las últimas preocupaciones y sueños de un escritor como lo fue el Premio Nobel José Saramago.

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