Algunas razones para leer Figuras humanas de Luis Jorge Boone

Aunque a primera vista no lo parezca, Figuras humanas es un libro sobre el amor. Entiéndase: no sobre el idilio cursilón y empalagoso, lleno de idealizaciones y lugares comunes, sino sobre el amor que se practica a ras de tierra, con todos sus fantasmas, sus servidumbres, sus titubeos y sus equívocas alegrías. El estudio que el autor hace sobre el tema —pues en efecto se trata de una reflexión sistemática, oculta tras la espontaneidad de una prosa que fluye y una imaginación activa— visita los diferentes aspectos y modalidades de la unión en pareja, desde el sexo impersonal —“La tristeza del corredor”— hasta los extravíos de un viudo reciente —“Nostalgia del té”—, pasando por un matrimonio que intercambia parejas con dos desconocidos —“Resistencia del agua a evaporarse”—, la dura iniciación de un adolescente en la competencia amorosa —“Culpa de nadie”—, los celos — “Huellas de carbono”— o las absurdas peleas maritales —“Hotel de ánimas”.

Ahora bien, uno de los méritos —y no el menor— de Luis Jorge Boone en esta obra es lograr que la minuciosa revisión del tema escape a la monotonía; lo hace con tal fortuna que cuando uno cierra el libro tiene la impresión justificada de haber paseado por múltiples tópicos, ambientes y personajes heterogéneos, inscritos en relatos perfectamente diferenciados e independientes. La amistad masculina, Monclova, el arte —música, pintura, fotografía y happening—, la revelación onírica, la Ciudad de México, los téibol dance, una playa, los vericuetos de la memoria, la vecindad urbana, la escuela secundaria, un penthouse en Los Ángeles… La lista de elementos con los que el escritor cocina sus cuentos es casi interminable. Ello le permite escapar al peligro de la repetición y muestra madurez en el empleo de los recursos de un oficio bien aprendido. Se dice fácil, pero a menos que en efecto exista la musa que dicta al oído de sus elegidos, sólo se logra con años de trabajo cotidiano e innumerables hojas de papel tiradas al cesto de la basura.

La estructura de Figuras humanas no es ajena a este saber aprendido con tesón e inteligencia —el talento, que lo hay, obra en otros niveles—. Se divide en seis partes. La primera —Tiempos de paz—, que contiene cuatro cuentos, aborda desde diversas perspectivas la dupla libertad-compromiso. La segunda —Tiempos de guerra— examina a través de sus cinco relatos la sexualidad y el abandono. Un poema dedicado al padre ocupa la tercera sección: Intermedio. La cuarta —Tiempos de tregua (cuatro textos)— trae a escena amores no presentes, que como dice el epígrafe “han ganado no en peso sino en sombra”. La quinta muestra en sus cuatro narraciones a personas separadas por la muerte, la traición o el miedo. La sexta —Epílogo— es una reflexión no convencional a propósito del vínculo, acaso innecesario, entre el amor y la fidelidad sexual.

Por supuesto, este bosquejo admite aquí y allá algunas excepciones o variantes, lo que habla no sólo de la flexibilidad del autor para inyectar aire libre a su obra, sino también de un humor no exento de ironías y paradojas, que nos guiña el ojo, desde el libro y sobre él, para que no nos tomemos demasiado en serio.

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