Joaquín Guillén
Joaquín Guillén

Sólo nos queda a veces bailar

Nunca tuve talento musical de ningún tipo. No sabía tocar la guitarra ni coordinar mis pies. Supe muy pronto que cada vez que disfrutara la música lo haría un poco en el espectro del ridículo: el que no canta bien, el que sólo sabe tocar melodías de Mario Bros, en la flauta, el que pisa […]

Los libros que intenté leer en la playa

Sufro de dos males: mi sangre jarocha, que me reclama no vivir cerca del mar, y haber crecido en el Estado de México, que me reclama no vivir cerca del mar. Tener sangre jarocha me trae nostalgia por el mar; una nostalgia, encima, ficticia, pues no crecí a la orilla del mar, sino a la […]

Postales africanas

I. La primera vez que leí algo sobre Chinua Achebe fue a través de un escritor igual de comprometido con su sociedad, pero en una latitud y tiempo totalmente diferentes a los del escritor nigeriano. Fue el poeta irlandés W. B. Yeats, que en su poema The Second Coming usa una  frase que quedaría para […]

Level Up: Cinco libros que serían enormes videojuegos

A menudo pienso que la forma más interesante de narrar no está actualmente en la televisión, mucho menos en los libros, sino en los videojuegos. Su evolución como medio de arte interactivo en los últimos años ha dado joyas de la cultura contemporánea que están al nivel del arte más tradicional. Pero no quiero hacer […]

Mis libros

Algo que no te dicen cuando tomas el hábito de leer es que las mudanzas son de lo peor. No lo digo porque es más caro, sino porque en ese proceso hay una revelación: todo lo que eres cabe en una caja de huevos. Si algo tengo claro es que soy la suma de todas […]

Entre panaderos, conserjes y banqueros

Nunca me gustó robar libros. En principio porque tengo la gracia de un oso koala y si llegara a cometer actividades ilícitas estoy seguro que me atraparían y terminaría en el bote. Pero también porque por más que Bolaño y los infrarrealistas romantizaron el acto de robar libros y lo hicieron una suerte de declaración […]

Hablemos de DFW

Escribir sobre David Foster Wallace no es tarea sencilla. Hay que considerar sus novelas, Infinite Jesten particular, su figura, sus perros, su paliacate, sus cuentos y, por si fuera poco, a Jason Segel.[1] Y si a eso le sumamos que a veces parece que escribir sobre el autor favorito de un amigo es como bajarle […]


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