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Borges y el futbol
Farid Barquet Climent comment 0 Comentarios access_time 2 min de lectura

[vc_row css_animation=”slideInUp”][vc_column][vc_row_inner][vc_column_inner width=”1/2″][vc_custom_heading text=”¿“El futbol es popular porque la estupidez es popular”?” css=”.vc_custom_1533069641336{margin-top: 30px !important;}”][/vc_column_inner][vc_column_inner width=”1/2″][vc_column_text]Con motivo del trigésimo aniversario de la muerte de Borges, Matías Rodríguez escribió un artículo[1] en el que recuerda la aversión al balompié del autor de El Aleph, a quien uno de sus biógrafos, Volodia Teitelboim, describía como “un hombre que detestaba el futbol y el griterío de las canchas”[2]. No olvidemos que el célebre escritor avecindado desde niño en el barrio bonaerense de Palermo dijo a Mario Vargas Llosa que “el futbol es popular porque la estupidez es popular”[3].

El futbol le despertaba tal antipatía a Borges que, según él mismo dijo a Antonio Carrizo, en una ocasión, durante su juventud, fingió a sus amigos que era hincha de San Lorenzo de Almagro con tal de que no lo hicieran asistir a un partido en que equipos distintos del Ciclón se enfrentaban[4].[/vc_column_text][/vc_column_inner][/vc_row_inner][/vc_column][/vc_row][vc_row css_animation=”slideInUp”][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”16281″ img_size=”large”][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]Siempre he pensado que más que al hecho de haber tenido “todas las condiciones para ser un exquisito” —como dijo de él Alfonso Reyes[5], hombre tan sabio que al parecer hasta de futbol sabía, pues al hacer un elogio del editor Enrique Diez-Canedo escribió que este último “afortunadamente no es un ‘americanista profesional’”[6]—, la repulsa de Borges hacia el futbol obedecía a que los entramados que el juego suele entretejer, para decirlo con sus palabras, por “su lenta evolución y su ámbito mundano son ajenos a mis hábitos literarios”[7].

Sin embargo, me queda la impresión de que Borges, que encomiaba en la poesía de Walt Whitman el aprecio que el norteamericano sentía por “las noticias primarias de los sentidos”[8], bien pudo haber emprendido una “modesta y lateral aventura”[9] por el futbol y dejarse asombrar por su poder escénico, en congruencia con una de las pocas coincidencias que tuvo con Ernesto Sábato —a quien decía aborrecer en los años cuarenta[10]— según la cual  “lo que en sentido estricto da valor al arte es la experiencia que cada obra, al margen del lenguaje que la significa, despierta en un individuo específico”[11].[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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