Castillo de naipes

¿Habitará en todos una doble moral o será un recurso que toca únicamente la vida de las personas que buscan el poder? O quizá solo sea la salida de emergencia ante una extrema necesidad.

No han sido pocos los tentados en portar la chaquetaque en su sano juicio ni siquiera considerarían ponerse. Para algunos significa cargar una cruz decidir ser Dr. Jekyll o el señor Hyde, Jesús o Judas Iscariote.

Pero para no pensar en los demonios de cada uno, hablemos de alguien más, del protagonista de esta novela: Jesús Pastrana, el padre amoroso, el incorruptible síndico de Cuernavaca, uno de los pocos hombres íntegros que militan en el PAD y que aspira a la alcaldía de la ciudad de la eterna primavera, como su engominado adversario Arturo Iglesias, por el PIR, y el colmilludo nepotista Valentín Rueda, del PDR.

El candidato Pastrana luchará por demostrar ante el electorado que es el indicado para liberar a la ciudad jineteada por funcionarios corruptos, y que blandirá a las autodefensas contra los brazos del hampa que utilizan la bandera de la democracia como máscara para ocultar a sus esbirros porque Cuernavaca, como el resto del país, se ha convertido en el escenario donde actúan libremente los terroristas. Parece ser que sus ideales son firmes y que repartirá justicia con mano dura para destapar a los lobos con piel de oveja pero, un momento… ¿será que Pastrana es de verdad el sobreviviente de una raza extinta, la de los luchadores sociales que aún se preocupan por el interés del electorado o estamos ante un incauto que al verse rebasado tendrá que echar mano de la doble moral?, aquella duplicidad que es difícil mantener en pie, sin caerse, como un castillo de naipes.

Los aspirantes por ese juego ilusorio llamado alcaldía lucharán de dos a tres caídas y relucirán los trapitos sucios del adversario, como sabemos que sucede sin discriminación en el juego de la política: video escándalos, extorsiones, amistades por interés, pactos con el hampa, publicidad enlodada. Nadie saldrá sin romperse algo o sin una alianza con su narco favorito.

Tal vez si esta historia no tuviera el toque de Enrique Serna se convertiría en una nota más del periódico, en nuestro pan con lo mismo del día a día o en el escándalo donde nuestros queridos funcionarios hacen magia para desaparecer millones de pesos destinados a la inversión pública, o una infamia como tantas otras que ya son costumbre en este país y que no tiene mayores alcances más que la destitución del cargo y una feliz estancia en la casa de retiro del acusado en turno. Pero no lo es, ya que Serna dibuja e ironiza con ese estilo único que lo caracteriza sobre los personajes incómodos. Como un jugador de póker juega con sus cartas sin que adivinemos la jugada y a pesar de que es la historia repetida que padecemos como ese pain in the ass, el autor sorprende con inesperados giros en las decisiones de sus personajes, con escenarios chuscos y vivencias cargadas de humor negro. Jesús Pastrana se convierte así en el protagonista que combatirá, además,contra la moral retorcida porque “el poder intoxicaba a la gente: ninguna droga podía compararse al placer de convertir los deseos en actos”. Pero como sabemos: todo tiene un precio, y más aún si nos cotizamos en los terrenos de la narcopolítica.

Hay algo más, por si esto no fuera poco.Todo parece salir a favor de nuestro amigo Pastrana hasta que encuentra el amor: un transexual que ha levantado en los arrabales de Cuernavaca, de nombre Leslie, llegará con sus implantes, su amor, sus hormonas en cápsulas y su oscuro pasado a volcar su vida sobre la de Jesús. Este factor lo alterará todo: veremos caminar a nuestro personaje en los linderos del infierno. El candidato tendrá que echar mano de ese as bajo la manga para que todo salga a pedir de boca.

 

Por Jeanette Cruz

Hablamos de ☞  La doble vida de Jesús/ Enrique Serna, Alfaguara, 2014.


 

 

 

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