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Catorce colmillos, una novela relámpago
J. C. Guinto comment 0 Comentarios access_time 3 min de lectura

Catorce colmillos es una novela policíaca, y al mismo tiempo, fantástica. Comienza con el hallazgo, en la madrugada, de un cadáver tirado en un callejón de la ciudad de París, en el año 1927. El cuerpo tiene una herida en el cuello: 14 pequeños puntos rojos. Pierre Le Noir, un joven policía miembro de la Brigada Nocturna, aparece dispuesto a resolver el asesinato, busca testigos y encuentra un dandi concentrado en tomar café con leche, y a una hermosa mujer que sabe más de lo que aparenta. Sin embargo, el muerto había muerto 100 años atrás, la hermosa mujer tiene la capacidad de volar y el testigo considera que ser vulgar es un crimen, se cubre con una capa hecha de humo, y desaparece.

La trama, que estoy seguro fue zurcida en noches sin lunas, y escrita al amparo de velas anchas y olorosas, nos muestra que el joven policía es transportado a la Calle del Infierno, se las ve con el espectro de Porfirio Díaz –orden y progreso– y enfrenta una feroz bestia con cara de jabalí. Todos los personajes son pasajeros de un tren de alta velocidad, que nos lleva, a los lectores, a desear que el viaje continúe sorprendiendo con la singularidad de los personajes, que se sigan enredando, que los secretos se descubran y el pasado surja e ilumine, para dar respuesta a los enigmas. El libro, además, es una guía del comportamiento de los seres sobrenaturales, nos enseña cosas como que a ningún fantasma le gusta ser sorprendido, y salvo los ahogados, los fantasmas son pésimos conversadores. Los muertos emigran, piden permiso para entrar en las habitaciones, y rugir les parece de mala educación. Por otra parte, los fantasmas no engordan.

Martín juega con nuevos registros. Dice que la palabra magia fue el imán que lo atrajo a escribir Catorce colmillos. Sé que la idea le vino en París: tuvo una pesadilla en la que caminaba de noche por Le Marais, algo lo seguía, algo que no era humano. Martín, como escritor, dice que busca sorprender a sus lectores párrafo a párrafo, y provocarles una pregunta: “¿y ahora qué va a pasar?” Quiere atraparlos con la primera frase, y arrastrarlos como si fueran peces hasta la última línea de la novela. Quiere que los lectores salgan arañados, dejarles marcas literarias. Cree que el género policíaco representa el mayor desafío artístico, y dice que la novela policíaca es la última hija viva de la novela de aventuras. Martín es editor, escribe guiones cinematográficos y da talleres literarios. Sostiene que es una criatura nocturna que se levanta a escribir en las madrugadas, porque la imaginación fluye de otra manera cuando despierta. Ha dicho que Catorce colmillos es una especie de iguana, llena de picos y zonas que lastiman si las tocas, es muy veloz y al mismo tiempo enigmática. Para mí, es un relámpago que rasga la noche. 

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