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Contacto
Alejandro Quijano comment 0 Comentarios access_time 7 min de lectura

Me encontraba viendo la serie Cosmos: Una Odisea del Espacio-Tiempo, estrenada en 2014, cuando escuché por primera vez del astrónomo estadounidense Carl Sagan. Ganador de más de 30 premios, entre los que destacan el Pulitzer, el Emmy, el Locus y reconocimientos por parte de la NASA, el visionario es conocido mundialmente por su pasión por la búsqueda de vida extraterrestre. Autor del libro de divulgación científica más exitoso de la historia, Cosmos, homónimo de la serie de 2014 y continuación de Cosmos: Un Viaje Personal presentada por él mismo en 1980 e inspirada en su libro, logró establecer un legado como uno de los científicos más importantes de nuestra época.

Los aportes de Sagan a la ciencia espacial son enormes. Muchas personas creían que Venus era un planeta paradisíaco similar a la Tierra, rico en flora y fauna, pero Carl fue de los primeros pensadores en proponer que su superficie es demasiado caliente para albergar vida. Participó en el programa de la NASA dedicado a estudiar dicho planeta. También fue pionero en la hipótesis de que Titán y Europa, lunas de Saturno y Júpiter respectivamente, podrían tener océanos líquidos, haciéndolas potencialmente habitables. Planteó que los cambios de coloración de Marte se debían a tormentas de arena y que el calentamiento global en la Tierra sería provocado por un efecto invernadero incontrolable, generado por los humanos. Hoy en día, todas sus teorías han sido confirmadas.

Sin embargo, su mayor reconocimiento no fueron sus múltiples hallazgos planetarios, sino su ambición por encontrar y contactar vida inteligente en el universo. Peleando por sus ideales al igual que Ellie, protagonista de su libro Contacto, logró que en 1982 se publicara una petición en defensa del proyecto SETI, búsqueda de inteligencia extraterrestre por su siglas en inglés, firmado por 70 científicos renombrados. Esta petición generó respetabilidad en un campo de la ciencia muy controvertido en ese entonces. Tres años después publicó Contacto, primer y única novela del autor, que cuenta la historia de Ellie, una joven audaz y muy inteligente que defiende ante todas las cosas su urgencia por encontrar —y comprobar la existencia de— vida inteligente fuera de nuestro planeta.

Al igual que Carl, Ellie, más adelante conocida como la Doctora Eleanor Arroway, es una persona obstinada en demostrar que no somos lo únicos seres pensantes en el universo. Desde pequeña mostraba una tendencia peculiar a cuestionar todo, desde las cosas más simples, como el funcionamiento de un radio, hasta a la misma autoridad escolar explicando un tema matemático (rasgo con el cual algunos de nosotros podemos identificarnos).

Conforme va creciendo, se da cuenta que tiene un don para las ciencias exactas, lo cual la lleva a obtener una beca y estudiar en el MIT, donde descubre que lo que más le apasiona en su campo de estudio son las radiofrecuencias. Es ahí cuando su talento innato se alinea con su propósito de vida. No obstante, la travesía para llegar a ese descubrimiento no es fácil, ya que viviendo en una sociedad y época donde el estudio de la ciencia predominaba por los hombres, es criticada por algunos compañeros, profesores, e incluso su familia. Pero como toda persona brillante, no le dio la importancia suficiente para distraerla de su objetivo. Y claro; el que persevera, alcanza, y es así como eventualmente llega a ser la encargada del proyecto Argos en el SETI, el cual se encarga de captar radiofrecuencias del espacio exterior.

Tras una espera que parecía interminable, Argos recibió un código alfanumérico, proveniente de Vega, una estrella en la constelación de Lyra, ubicada a 25 años luz de la Tierra. Al principio hubo mucho escepticismo rodeando al mensaje, desacreditándolo como un error de medición, e incluso en un momento como una invención de Ellie y sus futuros compañeros de viaje interestelar para encubrir el fracaso de su proyecto. El autor, a lo largo de estos conflictos, cuenta la narrativa que tiene la religión en este evento. Al verse agitados los cimientos religiosos sobre los que se construye la fe, los fanáticos son los primeros en asegurar que es un mensaje del mismísimo diablo buscando destruirnos. Y aunque los cuestionamientos respecto a la credibilidad del mensaje nunca acaban, los países más poderosos del mundo se unen para trabajar juntos (recuerden, es ciencia ficción) en descifrar el mensaje. Incluso la presidenta de Estados Unidos (¡presidenta de Estados Unidos!) da la cara ante el mundo para anunciar que sí es un mensaje real y se invertirá todo el talento humano para descubrir qué dice.

Hay que hacer notar que, como es bien sabido, cuando las personas trabajamos juntas por una causa en común, no hay nada que no podamos hacer. De esa manera, se logró traducir el mensaje en un instructivo detallado para construir una máquina. Y después de un estira y afloja constante entre las naciones, debatiendo si debía construirse y activarse (¿qué tal si es una trampa para aniquilarnos?), dónde debía construirse (¿por qué allí y no acá?), y quién debía proveer los materiales (¡mi calidad es la mejor!), finalmente se logra un acuerdo internacional y se construye. No estamos solos y es una conclusión a la que llegan todos los altos mandos. Luego entonces, ¿para qué nos contactaron? ¿cuál fue el propósito final de la máquina?

Contacto es una novela de ciencia ficción con tanto realismo que hay momentos en que parece ser una novela histórica. Carl Sagan aborda temas complejos, por ejemplo, el uso y funcionamiento de los radiotelescopios, teoremas físicos como la relatividad espacial, y la mecánica de los agujeros negros, pero lo hace de tal forma que no se necesita ser experto en el tema para entenderlo a la perfección y lograr contrastarlo con los sucesos de la historia. A lo largo de la trama se pierde la noción de estar leyendo algo que no es real, dejando al lector con ganas de investigar más del tema e incluso preguntarse si algo similar ha pasado, como se intentó hacer con el mensaje, de manera encubierta. Muchos van a identificarse con Ellie, con su optimismo y audacia para llegar tan lejos como se lo propuso, con su sentimiento de frustración e impotencia ante una verdad evidente que la mayoría se niega a ver. Con su valentía y perseverancia, al no perder de vista su objetivo principal y levantarse tras cada caída —accidental o intencionada por quienes la critican— en el camino hacia la realización de sus sueños más grandes.

Pero lo más importante, a todos nos hará cuestionarnos qué tanta razón tuvo Sagan al escribir esta impresionante historia. Acertó en todas sus predicciones respecto al comportamiento y ecosistema de los planetas… ¿habrá acertado al escribir Contacto? ¿Somos una de tantas civilizaciones en el universo, y eventualmente seremos contactados? ¿O estamos solos, a la deriva, con la esperanza de ser nosotros quienes empecemos a poblar el cosmos? Sólo el tiempo nos dará la respuesta, al igual que lo hizo con los múltiples planteamientos de Sagan; que si bien no vivió lo suficiente para verlos corroborados, su vida, al igual que sus obras, pasarán a la historia como un legado único e irrepetible.

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