¿Contra la patria? ¿Cuál?

En la semana que parte septiembre a la mitad es casi obligatorio decir algo de la patria, esa entelequia a la que supuestamente pertenecemos. Y aquí estamos, con el mismo automatismo con el que el administrador del edificio pone una campana y unas banderas de papel en la puerta de la entrada. Claro, aquí ya más bien vamos saliendo de esa bonita resaca que pasa lenta y monótona debajo del puente. Como sea, supongo que siempre es bueno que el tiempo nos traiga símbolos que convoquen la ingesta salvaje de pozole y tequila, al mismo tiempo que aprovechamos para repasar los hondos y profundos sentimientos de la nación. Se trata de una de esas pausas en las que podemos ser más autoindulgentes de lo que normalmente somos. Salud, pues.

Uno de los sonsonetes de estos días, qué raro, lo dictó nuestro querido ocupante de la silla del águila. En esta amalgama chocante del calendario que une el informe del presunto estado que guarda la nación con las fiestas patrias, un coordinador de la marca “Los Pinos”, al que aquí llamaremos solamente Ungenio por razones de seguridad, salió con la brillante frase de “lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho”. Ay, Ungenio. Pues ahí está el Señor Presidente, balbuciente en decenas de spots, con mandíbula trabada, de esa que pones cuando no te crees ni lo que tú mismo estás diciendo.  Qué se me hace que fue el propio Ungenio el que sugirió emplear esas otras perlas discursivas como el llamado a “superar el caso Ayotzinapa”, o la ocurrencia esa de que “México avanza pese al mal humor social”.

Enseguida comenzó el ronroneo de la opinocracia digital, y es que era evidente, evidentísimo, Señor Presidente, lo bueno casi no se cuenta porque no hay nada bueno que contar. No se necesita ser un genio para redactar ese lindo post activista. Y entonces, claro, lo más natural es convocar una marcha para que este infame renuncie de una vez por todas, digo, ya sabemos que no lo va a hacer, pero caray, vamos a tomar la calle y salvar el momento presente, darnos una oportunidad de vernos a los ojos, como escribió con melosidad una amiga que se ganó el correspondiente puñado de likes.

Otra vez, aquí el mal humor viene de una amalgama: cuando la resistencia, la protesta o como se llame, se mezcla con los días de asueto, y entonces la cosa se vuelve un evento social, un bautizo o un cumpleaños anodino, “oye, ¿vas a ir a la marcha?” equivale a “oye, ¿vas a ir a la fiesta del Patas?” Nada como sentirse auténticamente indignado antes de irse, ya se sabe, por los hielos, los vasos rojos y el Tonayán. Más salud.

No podemos dejar atrás nuestras prácticas estandarizadas, por fortuna, así como tampoco podemos olvidar, en medio de tanta digresión politiquera, las recomendaciones de libros langostinos para estos días. Aunque aquí debo confesar (y eso que me digo editor de actualidad política) que normalmente esas agendas de lectura y edición que quieren casar a fuerza con la agenda pública me provocan un poco de aversión, que si es febrero leo a Neruda, que si es marzo publico un libro de los secretos de Juárez, que si las ocho columnas se tienen que convertir de inmediato en el título de un libro coyuntural y súper caliente (así les dicen por ahí), que si es noviembre leo a Lovecraft, que si es diciembre leo a Dickens. Pará, pará, pará, como diría mi cumpa argentino de la editorial. Estábamos en que, sí, las recomendaciones de libros para estos días son, ta-rán…

  1. La Silla del Águila, de Enrique Krauze (lo sé, muy obvia la broma). Entre tanto, desde aquí y desde ya, propongo a Ungenio para llevarse el Premio Carlos Fuentes 2016.
  2. La Tragicomedia (los tres volúmenes) de José Agustín. En Debolsillo, precio accesible, lleve, lleve. Por cierto, alguna vez me fui de ¡plop! con una reseña del buen Christopher Domínguez donde me parece que el Crítico fue un poco demasiado rudo con el Maextro. Ya me dirán. Búsquenla por ahí.
  3. Rebelión en la granja, de George Orwell, clásico coyuntural, circula ya una edición que le incluye gorgojo y prólogo de Ungenio, homónimo del asesor de Peña.
  4. Contra México lindo, de Varios, publicado en Tumbona ediciones, de esos libros chiquitos con portada de cartel de box. En éste dícese que se “desmenuzan los estereotipos de lo mexicano y las inercias de una identidad que nos conforma y avergüenza”. Y sí.
  5. México, democracia interrumpida, de Jo Tuckman, periodista queridísima y admiradísima que se atrevió a hacer esta radiografía crítica que en nada ayuda a documentar nuestro optimismo, pero sí a luchar contra nuestra memoria de teflón. El otro día lo vi en el Fondo Rosario Castellanos. Corran, antes de que se agote. Joya del sello Debate.

Por lo mientras, antes de que nuestro cerebro se reduzca al tamaño de una celda de Excel, sigamos adelante en la conjura de los editores.

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