El duelo es un jardín con margaritas

En China, algunas personas, muy pocas, tienen la costumbre de casar a sus muertos con otros muertos para que no estén solos. Buscan un cadáver y preparan una boda, se elaboran muñecos de papel parecidos a los novios y los colocan en el banquete. Con esta premisa inicia el libro Algunas margaritas y sus fantasmas de Paulette Jonguitud.

El duelo es un animal intransferible, eso lo saben bien los personajes de esta novela. Una madre, como la tuya o la mía, ha perdido a su Hijo Mayor años atrás. Ahora sufre problemas degenerativos de memoria que le impiden hacerse cargo de ella misma y es el Hijo Menor, comparado siempre con el hermano muerto, quien se ocupa de ella. La madre quiere casar al hermano muerto para que no esté solo y corta margaritas de su jardín para adornar el día de la boda, a la par, cose una muñeca de trapo y busca un cadáver. Por otro lado, leemos sobre una hermana, como la tuya o la mía, que ha visto morir a su gemela víctima de cáncer. Ambas tomaban fotografías juntas sobre la situación de violencia hacia las mujeres en México. La hermana viva huye del dolor tomando fotografías.

Jonguitud nos entrega en esta obra un pedazo invaluable de algo más que una novela sobre el duelo, es también una novela sobre la fotografía y sobre las posibilidades de experimentar situaciones fuera de la memoria, experiencias a partir de eventos aislados que quedan tejidos en los retratos que Óscar, la hermana viva, toma para superar su pérdida.

Esta es una novela de encuentros, de tramas que se entrelazan y conviven en espacios temporales distintos, y es que el tiempo funge un papel especial en esta historia aunque en un inicio sea casi imperceptible. El tiempo no avanza de manera progresiva y lineal ya que la fotografía, al accionar su mecanismo, roba instantes a ese tiempo y los extrae, creando  una nueva temporalidad en donde las posibilidades se abren y cosas impensadas ocurren: “El flash es un bisturí que recorta lo que ilumina y lo separa para siempre de su entorno, abre una grieta diminuta entre todo aquello en que rebotó la luz y el mundo, el tiempo, en el que estaba”.[1]

El duelo es un jardín con margaritas que no son solamente flores, son también todas esas mujeres cadáveres que en este país aparecen día con día. Son las mujeres que Óscar y su hermana buscaban reivindicar desde sus fotografías, las muertas que la misma madre necesitaba para que su Hijo Mayor no estuviera solo durante la eternidad. Jonguitud, sin duda, comprueba ser una voz revitalizante, una mirada feroz que expone a través de una elegante narrativa lo agrio de la muerte, la pérdida, lo humano y la memoria, una voz que retrata de frente un panorama tan desolador como el de nuestra contemporaneidad.

[1] Pág 158.

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