El libro que nunca me regresaste

Querida H, ¿te encuentras bien? Siento como si lleváramos años sin vernos. ¡Cuánto tiempo ha pasado! Por cierto, ¿has avanzado en tus lecturas desde que nos vimos la última vez?

En la librería todo ha quedado igual, los libros descansan en sus muebles, muy ordenados, como debería de ser. Atesoro hasta el más pequeño en que Coetzee ha trazado una línea. En la mañana comienzo a preparar los recién llegados, los que es necesario ordenar. He abandonado el simple acomodo y me siento bien haciendo recomendaciones un poco bobas y superficiales, simples y personales. Siento que yo también soy un ser simple. Veo los muebles, sobre todo los que lamentan tu ausencia. Te extrañan, dicen que el lugar sin ti está vacío. Si ellos creen eso, imagínate lo que pensaré yo.

Nunca se me ha dado bien escribir cartas, se me trabucan las ideas, confundo el significado de las palabras y lo que es peor: siempre meto la pata. El caso es que tengo una pregunta que hacerte (un favor que pedirte): ¿Te importa regresarme mi copia de El gran Gatsby?

Pocas son las historias donde se dibuje —así sea de paso— temas tan importantes como la juventud, las promesas y la desesperación. El hecho, desde luego es conocido, pero es tan diverso el material publicado al respecto que pocos lectores han tenido la oportunidad de reflexionar sobre tales asuntos. Por otra parte, la escritura de Scott Fitzgerald es épica y posee un oscuro sentido del humor, aunque cuenta una historia muy trágica.

He estado pensando en nuestras lecturas, cómo surgieron, por qué duraron, algunas, tanto tiempo, y lo mucho que significaban para nosotros, particularmente las de Fitzgerald. Resulta  difícil creer que Scott no pertenezca al canon literario de EEUU, que su destino haya sido el olvido.

Pero a veces me he preguntado a mí mismo si esto es realmente cierto. Así que antes de escribir he ido a la biblioteca a hacer una investigación rápida. Y, oh sorpresa, no podía haber vivido más equivocado. En los catálogos de la bibliotecas había montones de libros sobre Fitzgerald, decenas, centenas, muchos de ellos bastante particulares. Cuando fui un poco más allá descubrí las razones por las que quiero recuperar el libro que nunca me regresaste. Déjame que te haga una lista de las pocas observaciones que reuní durante mis investigaciones y que me parecieron realmente importantes.

Una. El peculiar problema de la traducción. El mundo de la traducción no está a salvo de los charlatanes. Es un lugar complicado, atiborrado de farsantes que no hablan bien ningún idioma. Pero lo cierto es que los libros causan muchos problemas a estos seres por su complejidad estilística y su confianza en los matices. Y en este caso José Luis López Muñoz es un traductor celebrado por sus versiones de Faulkner, Jane Austen, Woolf, Joyce Carol Oates y, por supuesto, El gran Gatsby de Scott Fitzgerald para la versión de Alfaguara.

Dos. Esta historia nace en una atmósfera dominada por el alcohol y el lujo, una época concreta, “la era del Jazz”, un término inventado por el propio Scott. T.S. Eliot consideraba que los libros clásicos eran fruto de la sociedad en la que habían surgido. En este sentido puedo afirmar que ésa es una categoría que define ampliamente el texto. Y, aunque desafortunadamente la inmensa mayoría de los libros no sobreviven a la época que los vio nacer, ni encuentran asilo en otras lenguas, no es el caso para Gatsby.

Por fin. Sobre este ejemplar en particular, en la cuarta de forros Gertrude Stein escribió: “le leerán cuando muchos de sus contemporáneos estén olvidados”. Hay pocos libros que me parecen realmente desgarradores, y este es uno de ellos. Emparenta con gran lucidez los horrores de la vida y la escritura, Scott entendió esa dualidad necesaria al describir el mundo como un infierno plagado de monstruos engendrados por el sueño de la sinrazón: “Tom y Daisy solo eran personas desconsideradas. Destrozaban cosas y personas y luego se refugiaban detrás de su dinero o de su inmensa desconsideración, o de lo que los unía, fuera lo que fuera y dejaban que otros limpiaran la suciedad que ellos dejaban…” La profunda comprensión que muestra Fitzgerald sobre la especie humana ­sus dimensiones, absurdos y horrores ­ha hecho de él y de su obra, uno de los escritores más destacados de la generación perdida.

En fin, estoy un poco cansado y aún quiero revisar unos cuantos libros, en todo caso, mis lecturas avanzan a pasos agigantados y para que lo compruebes adjuntaré una lista que he escrito especialmente para ti. Te mando muchos abrazos con ésta, querida H. Piensa en esta colección hasta que nos veamos. No es muy buena, pero con ella tendrás algo de mí.

Te saluda una vez más,

Carlos.

P.D.  La lista que te he mencionado es la siguiente:

  • Svetlana Alexievich –La Guerra no tiene rostro de mujer
  • Mario Vargas Llosa – La civilización del espectáculo
  • Julio Cortázar – Clases de literatura
  • J.M. Coetzee – Desgracia
  • Salman Rushdie – Los versos satánicos
  • Doris Lessing – La buena terrorista
  • Takashi Hiraide – El gato que venía del cielo
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