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El noir nórdico en tierras asoleadas
Benjamín de Buen comment 0 Comentarios access_time 4 min de lectura

De todos los animales que vienen a la mente cuando uno piensa en Australia, lo más seguro es que nadie pensaría en un mamífero con alas, aunque descrito de esta manera (como un mamífero con alas), el murciélago parecería una especie probable en aquella tierra de animales raros como ornitorrincos, echidnas (o taquiglósidos), thylacinus (o tigre de Tasmania) y los demás que todo el mundo conoce.

Desde antes de iniciar la lectura de El murciélago, ya me preguntaba por qué el noruego Jo Nesbo elegiría a este animal para una historia basada en Australia, más allá de que los anocheceres veraniegos de ciudades como Sídney, Canberra o Melbourne están pobladas de murciélagos (o zorros voladores, por su considerable tamaño).

La pregunta se esclarece en algún punto de la novela que sigue los pasos de un detective noruego, Harry Hole, enviado a Sídney para investigar el violento asesinato de una celebridad y compatriota suya. Según le explican a Hole en la novela, en la mitología aborigen el murciélago representa la muerte.

El murciélago como tal hace apenas un cameo. La muerte, en cambio, es protagonista en esta historia que recuerda al género de televisión noir nórdico pese a estar situada en una localidad de abundante luz y playas bañadas por el océano Pacífico y estereotipadas por surfistas, bikinis, músculos y tiburones. Sídney es la antítesis de los paisajes escandinavos nevados y eternamente crepusculares donde suelen ocurrir aquellas historias de crímenes y asesinatos y personajes sombríos. Es en la presencia de la muerte y no en los paisajes donde El murciélago muestra su lado oscuro, o noir. En estas historias, una buena resolución no es lo mismo que un final feliz.

Casa de Ópera 1. Foto: Odón de Buen.

Harry Hole es un detective típico de aquellos que suelen aparecer en películas y en series televisivas con un pasado que lo atormenta, un problema de alcohol que lo acosa, un modus operandi cuestionable pero redimible y una admirable resistencia al dolor físico que parece no afectarle. Al aterrizar en Sídney, Harry Hole llega acompañado por un narrador omnipresente que como muchos es un turista que se fija en las particularidades de la ciudad y de las idiosincrasias que distinguen a los australianos.

Debe ser difícil, como escritor noruego, tratar de convencer a los lectores de que Australia es más que sus estereotipos y parte de escribir una novela basada en la ciudad más atractiva de un país tan enigmático es probarse como conocedor. Nesbo demuestra en repetidas veces que su comprensión de la ciudad y del país va mucho más allá de lo que todo el mundo ya sabe, que en general se limita a arañas gigantes, cazadores de cocodrilos, Cocodrilo Dundee, tiburones y canguros. Si bien es un tratamiento superficial de todas las narrativas que distinguen a la sociedad australiana, el autor toca todas las superficies, desde el lenguaje, los deportes y los ídolos del crícket, hasta el apodo que Donald Horne le dio a Australia en su obra de 1964, The Lucky Country o El país afortunado. En nuestros tiempos el apodo se ha vuelto un tanto irónico porque la historia del país está plagada de capítulos desafortunados, el más notorio de ellos, el robo sistematizado de niños aborígenes, o las Generaciones Robadas, que fueron separados de sus familias para ser criados en familias blancas hasta 1976, que Nesbo aborda con mayor detalle que otras partes de la vida australiana, y la detención en la actualidad de refugiados en centros que poco o nada distan de ser cárceles.

Luna Park, el parque de diversiones que aparece en el libro. Foto de Odón de Buen.

Daría la impresión de que el propio Nesbo fue alguna vez un turista en la costa este de Australia y logró ver más allá de los extensos horizontes y el sol protagonista de la vida local. Sólo hace falta alejarse de la costa y adentrarse en el desierto para descubrir que lejos del mar, la vida en este país es dura y precaria. Tal vez por ello, de todas las cosas que pudo haber elegido como símbolo de una novela que es muy australiana, se decantó por un animal que vuela de noche y prospera en la oscuridad.

¿Así o más noir?

 

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