El sueño del celta

Se dice que un hombre es uno y al mismo tiempo muchos hombres, pues no somos más que una unicidad de aristas, de otredades, de fisuras, de caretas.  Hay hombres y mujeres que han tenido una existencia semejante a un relato odiséico, un periplo cargado de aventura y emotividad que no es otra cosa más que un viaje de regreso a casa.

La vida de Sir Roger Casement (1864-1916) es el tema de la novela de Mario Vargas Llosa, El sueño del celta (2010). Desde un punto de vista literario, Vargas Llosa acierta al centrar su relato en este luchador social irlandés, pues su historia puede construirse narrativamente como un tránsito por los estadios arquetípicos: el joven aventurero que parte hacia África con el afán de mejorar la vida de los nativos con las tres “C” colonialistas: cristianismo, civilización y capital; el héroe que recorre el Congo y el Putumayo para denunciar los abusos que las compañías caucheras de Leopoldo III y Julio C. Arana infringían sobre los congoleses e indígenas de la Amazonía peruana; el guerrero nacionalista que luchó por el sueño independentista celta; el traidor del imperio inglés que, como diplomático condecorado por la Corona, viaja a Alemania durante la Primera Guerra Mundial buscando una alianza con el régimen del Káiser para organizar un levantamiento en armas irlandés; y, finalmente, el mártir condenado a muerte por alta traición, quien además es escarmentado por la prensa inglesa debido al contenido erótico plasmado en sus diarios.

El sueño del celta es una novela que retiene al lector por las aventuras de su personaje principal y el saber narrar de Vargas Llosa. Aunque sin decaer en el estilo y la cualidad literaria que le han valido al autor el premio Nobel, el narrador tiende a la repetición de ciertos episodios o temas, si acaso por el afán de brindar un recuento historicista de la captura y la caída de Sir Robert Casement. No obstante, más allá de su fino detalle histórico, el relato medita sobre la condición humana y aquí yace su valor literario. ¿Es la maldad en el hombre producto de su circunstancia? o ¿será que la maldad es inherente en nosotros y que, tocando un punto de desfogue, conociendo un acicate como la codicia o la perversión, se desborda y no hay marcha atrás? Y sobre todo, ¿existe la posibilidad de redención?

Los viajes de Casement por el Congo y la Amazonía cauchera dan cuenta de la realidad cruenta detrás de explotación a manos de las naciones imperialistas y, al mismo tiempo, reflejan el viaje emotivo y el desgaste físico de un hombre que buscó justicia no sólo para los desprotegidos de África y la selva peruana, sino también para su país: Irlanda. En la novela el lector cohabita con Casement en dos planos a manera de una construcción clásica en contrapunto: en la celda en Pentonville Prision con un Roger que rumia los errores y aciertos de su vida en la soledad y la suspensión del tiempo e, intercalados entre estos episodios, el recuerdo de sus hazañas y luchas en el extranjero.

Mario Vargas Llosa logra en El sueño del celta construir a los muchos hombres que habitaron a Roger Casement, dejando de lado cualquier intento expiatorio. En el camino, el lector recuerda lo fundamental: la muerte nos espera y los hombres se distinguen en el camino a su encuentro. Sir Roger Casement finalmente regresó a casa después de muchos años de su muerte; sus huesos descansan en Irlanda, esa isla que pobló sus sueños con versos en gaélico y campos llenos de violetas salvajes.

 

El sueño del celta, Mario Vargas Llosa, Alfaguara, 2010.

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