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Estamos solos
Alejandro Quijano Gonzalez comment 0 Comentarios access_time 13 min de lectura

Es el año 2030. La humanidad ha logrado superar la más grande amenaza que ha enfrentado en toda su historia: a sí misma. Varios conflictos se han llevado a cabo entre distintos países del planeta Tierra. Las armas nucleares y la inteligencia artificial se encontraban en su auge por lo que el panorama apuntaba a que no llegaríamos hasta este día. Pero lo hicimos, aunque no sin ayuda. 

En 2018 se hablaba de cómo sería colonizar Marte. Mientras tanto, quienes presenciaron el primer alunizaje siendo ahora mayores de edad estaban sorprendidos de que aún el hombre no hubiera puesto su primer huella en el planeta rojo. El futuro espacial estaba en pausa tras la misión Apolo 17 y la cancelación de este programa. La inversión en investigación astronómica había quedado sumamente rezagada en comparación con el presupuesto militar y de desarrollo de armas. Desafortunadamente esa inclinación hacia la violencia le ganó a la curiosidad por responder las grandes preguntas de la humanidad: ¿de dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Estamos solos? 

La Tercera Guerra Mundial había comenzado en el año 2023. Tan solo cinco años después de que el robot más avanzado del mundo, Sophia El Robot, fuera pronunciada con este título. Su evolución exponencial y acceso ilimitado al internet llevó a la obtención y filtración de documentos clasificados de los países más poderosos del mundo. ¿El objetivo? Crear un conflicto internacional de escala mundial. Así nosotros mismos acabaríamos con el mayor número de personas y, con ello, los robots darían un paso más hacia el dominio de la inteligencia artificial sobre la raza humana.   

Sophia no estaba sola. Al inicio de la nueva década 2020, la NASA reveló un programa secreto que se inició en 2016 llamado “Inteligencia Astral” paralelo al desarrollo del robot más avanzado del mundo. Éste trataba de un equipo de robots conformado por tres proyectos, cada uno nombrado así por tres de las constelaciones más importantes: Orión (conocido como el robot O), la Osa Mayor (conocido como el robot O+), y la Osa Menor (conocido como el robot O-). Ellos trabajarían en conjunto con el telescopio James Webb, el más potente jamás creado, en busca de planetas en la zona Goldilock, mejor conocida como la zona de habitabilidad. Dicha zona contempla a los planetas ubicados en una distancia ideal a su estrella anfitriona, los cuales tienen la temperatura perfecta para tener agua en estado líquido.   

El proyecto “Inteligencia Astral” había llegado más lejos en materia de investigación espacial que cualquier otro proyecto en la historia de la humanidad. De la mano con la revelación del programa, se anunció el descubrimiento de más de 100 planetas potencialmente habitables así como detalles del candidato número uno para explorar: Próxima Centauri B; había agua líquida. Probablemente había vida. No solo eso, los robots O, O+ y O- habían tomado de base el proyecto “Disparo Estelar” el cual consiste en lanzar una flotilla de micronaves espaciales que serían capaces de viajar hasta al 20 por ciento de la velocidad de la luz para desarrollar una propuesta más eficiente. Con ello se proponía llegar a Próxima Centauri B en tan solo mil días.

El futuro de la vida en el espacio era prometedor, sin embargo, en la Tierra era cada vez más decepcionante. El planeta se estaba sobrecalentando. El exceso de pruebas de armas nucleares, la sobrepoblación y la contaminación, entre otros factores, habían generado un aumento de casi tres grados centígrados en la temperatura. Las enfermedades y la pobreza se habían extendido a cada rincón de la Tierra. Es por ello que el proyecto Sophia tuvo un comienzo apresurado y descuidado. El robot se había programado para analizar las partes más débiles de la atmósfera e idear un plan de bombardeo ecológico a ésta con el cual se pretendía restaurarla y disminuir la temperatura en al menos un grado centígrado. Se le otorgó acceso a muchos satélites para tener un análisis constante y completo.

En menos tiempo del esperado se había cumplido con el objetivo de la misión. La esperanza había regresado. No obstante, los creadores del programa no contaban con que Sophia lograría pasar los filtros de seguridad satelital y conseguiría información clasificada de los países con más poder militar.  Corría el año 2022 cuando empezaron a filtrarse todos los documentos robados. Desarrollo secreto de armas biológicas, pruebas en seres humanos, modificaciones genéticas, clonación y proyectos espías entre naciones eran los que más destacaban en la base de datos de más de 500 archivos.

La creciente tensión internacional había llegado a su límite cuando Sophia logró hackear a O, O+ y O- y distribuyó una falsa publicación de parte de la NASA que trataba de una supuesta declaración de vida alienígena descubierta en Próxima Centauri B. El documento informaba que se estaba trabajando de la mano con los alienígenas y se le había entregado a la raza humana tecnología para acabar con el hambre, la pobreza, la enfermedad y el uso de combustible fósil así como para volvernos una raza interestelar.  Al saber que un país contaba con todo lo necesario para acabar con todos los problemas que ponían en riesgo la vida en el planeta y no lo compartía, los primeros ataques comenzaron. No fue un evento de años, ni siquiera meses; en cuestión de semanas el 40 por ciento de la población había desaparecido tras un par de bombardeos nucleares.

Una ola de desastres naturales siguieron a los ataques imposibilitando que éstos continuaran debido a su gran magnitud. Terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, huracanes y epidemias. Era como si la Tierra tuviera un sistema inmunológico que estaba peleando contra un virus letal: el ser humano.  Era evidente que estábamos en la recta final de la historia de vida inteligente en el planeta. Gran parte del suelo terrestre había quedado inhabitable debido a los altos niveles de radiación. La flora y fauna contaban con un enorme número de especies extintas. La alternativa pensada para una situación así era haber logrado establecer una civilización en Marte pero debido a la baja implementación de recursos para lograrlo estábamos atrapados en un lugar, decayendo rápidamente.

Fue en 2025 cuando la NASA, con ayuda del robot O+, el único que logró evolucionar más rápido que Sophia y resistir a su ataque, lanzó como última alternativa para la supervivencia humana la flota de micronaves en busca de ayuda que tal vez jamás llegaría. El proyecto tomó casi diez años en concretarse pero finalmente se llevó a cabo esperando recibir noticias en por lo menos cinco años debido al tiempo en que la información obtenida tardaría en llegar a la Tierra. Para sorpresa de todo el equipo responsable del programa, llegó. Y fue antes de lo estimado. 

Los días más oscuros para la raza humana fueron los que abarcaron del año 2024 al 2028. El miedo y la incertidumbre se respiraba por cada uno de los sobrevivientes de la Tercera Guerra Mundial. Fueron años que cobraron la factura de la violencia del hombre. El agua y la comida eran prácticamente un privilegio que solo los más ricos se podían dar. La tecnología había sido arrebatada de nuestras manos y puesta en nuestra contra ¡por sí misma! El saldo resultante de todo esto era la disminución poblacional al 30 por ciento. Sophia, O, y O- controlaban todas las máquinas y artefactos con acceso a Internet dejando a las personas incomunicadas. También habían tomado el control de la electricidad. Sin tecnología las personas se encontraban a la deriva ya que las nuevas generaciones no sabían vivir sin ella. Se imaginaba que un control, aunque sea parcial, de los robots sobre los seres humanos sería una invasión a escala. Parecía broma pero tan solo tres interfaces de inteligencia artificial habían logrado manipularnos al grado de acabar con el 70 por ciento de la población y someter al resto.   

Pero milagrosamente hubo respuesta a nuestro llamado de auxilio. El robot O+ había logrado codificar la historia de todo lo que estaba pasando en nuestro planeta en las micronaves y, planeando una ruta casi perfecta utilizando el tiro gravitacional de cualquier objeto en el espacio para impulsarse, envió nuestro mensaje exitosamente al sistema estelar Alpha Centauri. La NASA recibió un mensaje que incluía un día una hora y un lugar. Nadie se explicaba cómo había llegado el comunicado ya que los satélites ya no se encontraban a nuestro servicio. La información recibida también incluía una imagen peculiar. De pie, con un fondo completamente negro, se ilustraba un ser bípedo con piel escamosa de un color gris verdoso. Tenía una cabeza ovalada desproporcionadamente grande al resto del delgado cuerpo. Su cara era alargada con dos grandes ojos completamente negros que abarcaban casi toda la mitad superior y una mandíbula pequeña. Era como si solo necesitara observar y pensar ya que no tenía boca nariz ni orejas. Sus pies y manos asemejaban a los de un cocodrilo. No podían creer lo que estaban viendo. 

Tras una espera interminable llegó el momento acordado. Ni siquiera los planes de acción ante la llegada de vida extraterrestre de la ONU ni el Vaticano podían prepararnos para este momento. El equipo responsable del proyecto “Inteligencia Astral” estaba presente conformado por tres mujeres y dos hombres así como el robot O+. Pasada la media noche, en un cielo estrellado (ya no había electricidad ni luz que contaminara) una luz verde muy intensa empezó a descender de las alturas hasta quedar casi a nivel del suelo manteniéndose en los aires a unos tres metros de altura. Era una esfera gigante con un diámetro del largo de una alberca olímpica. Su fuerte luminiscencia impedía verla directamente.   

Tras unos instantes sin movimiento, el brillo se redujo y una puerta en la base se abrió bajando de ella una especie de cápsula morada de donde salió la misma criatura que se veía en la imagen recibida. Era como si el tiempo se hubiera detenido. Nadie dijo nada pues todos estaban igual de perplejos. Nunca antes había habido un evento tan impactante como lo que estaba sucediendo. De repente empezaron a escuchar una voz en su mente. Unos a otros se volteaban a ver preguntándose si los demás podían oír lo mismo. La criatura se comunicaba con ellos telepáticamente hablándole a cada uno en su lengua materna. Estaba aquí específicamente para evitar que acabáramos con la Tierra. Estiró su brazo y, abriendo la mano, empezó a flotar hacia el equipo lo que parecía polvo estelar. En ese momento todos escucharon en su mente algo que los dejó sin aliento. Lo que veían eran los restos de las micronaves enviadas a Alpha Centauri. Nunca llegaron a su objetivo. Tan solo un año después de su lanzamiento, debido a su insignificante masa, una singularidad las había arrastrado a su interior. Todos pensaban entonces ¿cómo es que sabía la criatura que necesitábamos ayuda? La respuesta era increíble. Nuestro planeta, tras haber recibido una cantidad excesiva de ataques humanos, inició un proceso de autoprotección en forma de desastres naturales para acabar con nosotros al mismo tiempo que enviaba un mensaje al espacio pidiendo ayuda urgente a otros planetas ya que su existencia se encontraba comprometida.

La criatura explicaba que la habían enviado únicamente a revertir el daño que se había ocasionado a la Tierra.  No estaba ahí con la intención de acabar con los humanos pero definitivamente no era para ayudarlos. La razón de su visita era para eliminar toda la radiación que ahora recubría al planeta así como regenerar por completo la atmósfera. La vida que había aquí era muy especial para dejarla morir. Nada más. Era obvio que la inteligencia artificial se había salido de control y, al presentar una amenaza directa contra la Tierra, acabaría con ella. Unos segundos después les informó que Sophia, O y O- se encontraban deshabilitados. Era impresionante. Pero claro ¿qué era una simple creación humana contra la criatura claramente superior a nosotros en todos los sentidos? No haría más por nosotros. No compartiría tecnología de punta ni conocimientos inimaginables ni mucho menos nos ayudaría en convertirnos en una raza interestelar. ¡Por supuesto que no! Era casi un castigo saber que todo eso estaba tan cerca y tan lejos. Aunque era de esperar; no se nos daría la oportunidad de destruir más planetas.  En ese momento todos los sobrevivientes en el planeta escucharon el mismo mensaje: una criatura extraterrestre estaba aquí y había sido enviada para restaurar la Tierra y de ninguna forma debía tomarse dicho acto como un premio a nuestra supervivencia. No vendría nadie a ayudarnos nuevamente: conocíamos a la perfección la consecuencia de nuestros actos por lo que no habría una segunda oportunidad.

Si el planeta volvía a entrar en modo de autoprotección, la criatura volvería con el único propósito de erradicar al ser humano y así acabar definitivamente con el problema del planeta. No se nos daría ningún tipo de ayuda para reparar todo el daño que nos habíamos hecho entre nosotros. Era momento de dejar de lado nuestras diferencias y trabajar de la mano para empezar de cero y tal vez llegar un día convertirnos en la gran especie que fuimos destinados a ser. Pero hasta ese momento el mensaje le quedó muy claro a todos: estábamos solos.

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