Esperanto, o la vieja nostalgia del sonido de acetato

Rodrigo Fresan
Esperanto/ Mondadori, 2011
 

Lado A

Esperanto es lo primero que he leído de Rodrigo Fresán. Además del prestigio del autor, me llamó la atención este título por la fotografía de Bob Dylan desinteresado en la portada leyendo el periódico. Esperanto es una novela semanal, una crónica de domingo a domingo en la que seguimos al compositor Federico Esperanto en “una de esas semanas”. Aunque siempre he recibido muy buenos comentarios acerca de este escritor debo de confesar que al comenzarla me desilusionó un poco.

El inicio es confuso, “nadie me entiende” dice Federico al abrir los ojos, justo al inicio de la novela. Como no hay antecedentes, el lector tiene que estar a la expectativa sobre lo que va encontrarse. Y hay muchas coloridas sorpresas, los personajes que acompañan a Federico son algo caricaturescos, por ejemplo, La Montaña García, el mejor amigo y publicista, un gigante lujurioso que acaba con sus mujeres y que tiene una profunda fijación por las flatulencias; sólo uno de tantos personajes absurdos.

Federico mismo es todo un caso, compositor exitoso pero atormentado por su pasado político y musical; vive en el ocio gracias a las regalías de sus canciones; se lleva mal con su familia, odia a su madre, desprecia a su hermano, y ha fracasado en el amor. Me costó seguir la narración pues hay unos días más interesantes que otros y a veces me pareció algo cursi. Leí una entrevista al autor en donde mencionaba que tardó una semana en escribir esta novela. Debo de confesar que estuve a punto de abandonarla un par de veces.
 

Lado B

Pero terminé la novela, y me gustó mucho la manera de resolverla. Aunque el borrador de ésta efectivamente haya sido escrito en una semana, el libro no debe de confundirse con una prosa descuidada, al contrario, pues el sello –Mondadori– presenta una edición corregida y aumentada, lo que demuestra una alta atención a los detalles por parte del autor y un largo proceso de reescritura.

Es interesante que el lenguaje de Federico sea la música y que incluso así se sienta incomprendido. Aquí hay una referencia al experimento del idioma esperanto, un intento de lengua universal. El éxito de Federico es alcanzado a través de la sublimación de sus sentimientos con la música, a tal grado de banalizarlos, pero lo aleja de sus seres queridos. Lo cursi y meloso no excluye la tristeza y melancolía.

Las referencias musicales son agradables, pop de popular music. Los personajes de caricatura, el tratamiento banal de temas profundos, y el cuidado a los detalles forman un agradable collage como la portada del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.

El libro es redondo en más de un sentido, vale la pena hacer el esfuerzo de leerlo, sí usted disfruta como yo el momento de darle la vuelta a un acetato.
 

Jesús Mátero

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