Gabriela Wiener

Fue redactora de la Sección Cultural y del suplemento Dominical del diario El Comercio de Perú. Estudió Lingüística y Literatura en la Universidad Católica de Lima y en 2003 viajó a Barcelona para seguir una maestría en Cultura histórica y Comunicaciones en la UB. Desde esa ciudad escribe para medios como Soho, Paula, Etiqueta Negra, Caretas, Travesías, entre otras. En España trabajó como redactora en la revista Lateral (donde fue parte del Consejo de Redacción y editora de la sección Crónicas) y ha publicado en La Vanguardia, El Periódico de Cataluña, Letras Libres, Primera Línea y Quimera. En 2005 coordinó junto a Lateral las Jornadas Sin Ficción sobre periodismo narrativo. Una de sus historias apareció en el número especial de Latinoamérica de la edición conjunta de Virginia Quarterly Review-Etiqueta Negra. Actualmente es la encargada de contenidos en un portal y red social del Grupo Zeta en Barcelona. Ha publicado la plaquette de poesía Cosas que deja la gente cuando se va y sus novelas Sexografías y Nueve lunas.
En una entrevista que le hacen, le preguntan lo siguiente:

Mucho de tu escritura pasa por tu experiencia personal al momento de hacer la crónica, ¿cómo te planteas los límites entre lo que quieres contar y lo que te pasa con ese tema? –Los límites son los confines de lo que escribo, esas 3 mil o 10 mil palabras. Intento no contar nada que no sea productivo dentro de la narración. Así que lo primero que no me permito es contar la simple experimentación por la experimentación. Ese es mi límite. La crónica gonzo que he hecho tiene una parte de experimentación pero no es lo más importante. Luego por supuesto hay cosas que pasan, que son magníficas pero peligrosas o incómodas para alguien más, y por eso no se cuentan. Si hay algo de lo que escribo que mis entrevistados no quieren que comparta, no lo hago. Para qué. No hago periodismo de denuncia. Sólo intento contar una historia real. Vidas ajenas, de Emmanuel Carrere, tiene un epílogo estupendo con respecto al obligatoriamente sutil arte de narrar la vida de los otros. En cuanto a mí, conmigo soy menos sutil, mucho menos, pero siempre cuidando de no herir a la gente de la que escribo, o sea, mi familia, amigos, amores… o al menos intentando ser justa, proporcionada. Quizá me falta escribir con odio, desprecio, jactancia, revanchismo… podría hacerlo, pero creo que sería más pornográfico que todo lo que he hecho antes y no sé si quiero que la gente mire esa parte de mí. Puede que sea un límite.

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