Guía del pasado para encontrar nuevos caminos

Todos conocemos la parte más triste de nuestra propia historia. O tal vez no la conozcamos, o la hayamos olvidado, pero siempre, sin excepciones, regresa al presente para hablarnos de cosas que tenemos que aprender. La labor de los muchos investigadores que en México escriben sobre narcotráfico es loable por dos cosas: la primera es que nos ayudan a desenterrar información que muchos prefieren mantener oculta. La segunda es que ellos nos ayudan a nosotros, y le ayudarán a las generaciones posteriores, a entender, y quizá superar, la batalla más dura que México enfrentará este siglo.
Nuestra historia narcótica es, en estos términos, la guía del recorrido que un país ha trazado en círculos. Conocer lo que este recuento de historias ofrece es, pienso, la única o por lo menos la manera más sensata de encontrar mejores aunque desconocidas soluciones.
Por ejemplo, en el año de 1969 sucedió un episodio incómodamente actual. Después de una política de buenas relaciones entre México y Estados Unidos, promovida por el entonces ex presidente F. D. Roosvelt, Nixon llegaría a imponer una dura política fronteriza conocida como Operación Intercepción I para evitar el contrabando de drogas desde las ciudades fronterizas de Tijuana, Ciudad Juárez, Matamoros, Mexicali o Nuevo Laredo. Los agentes aduanales estadounidenses revisaban con ahínco a cada persona que quería cruzar la frontera. El acoso creó indignación entre la población de dichas ciudades a una escala impensada en esos momentos. Quienes cruzaban a pesar de las incomodidades eran recibidos con letreros de “Warning, Pot Users” (“Cuidado, usuarios de marihuana”).
Las sociedades fronterizas pronto se manifestaron en contra de la criminalización de cualquier mexicano: “Pensar que todos los mexicanos son contrabandistas sería aceptar que todos los norteamericanos son drogadictos”.
La anécdota es interesante tanto por lo que nos dice de nuestro pasado como por lo que encontramos en nuestro presente. La misma ala ultra derecha estadounidense, representada por Nixon, que hace 45 años limitó el acceso a su frontera con México, hoy alucina con cerrarla por completo con la idea de construir una barda. “El muro de la vergüenza.” Lo interesante, al final, es saber que muy pocas cosas han cambiado tanto en el imaginario de nuestro vecino país como en el propio. Ambos gobiernos —excitados en una guerra contra las drogas en la que evidentemente no van ganando— intentan reproducir las mismas tácticas que tampoco han dado resultados.
Siempre será buen momento para agradecer a quienes en su labor de búsqueda nos regalan este tipo de información. El libro de Froylán Enciso es sólo una parte de todo ese trabajo, pero conocer lo que nos cuenta es casi una obligación cívica con nuestro propio pasado y con nuestro futuro, es decir, con quienes más han padecido la guerra y con quienes vendrán a descubrirla.

Reseña Nuestra historia narcótica, Froylán Enciso, Debate, 2015.

 

Busca por temas
Más textos de Alejandro Noriega

Roberto Bolaño, con la edad de siempre

Sentado en una silla de una vieja cafetería de Blanes, en España,...
Leer más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *