Holmes vs. Poirot: Improbable encuentro en la gloria

A 50 años del nacimiento del género policial o detectivesco, al comienzo de Estudio en escarlata, novela en la que ve la luz por vez primera Sherlock Holmes, Conan Doyle permite que su personaje se presente –capítulo II, “La ciencia de la deducción”–, enumerando los varios conocimientos y habilidades que posee: literatura, filosofía y astronomía, cero; política, ligero conocimiento; botánica (básicamente venenos y opiáceos), desiguales; geología, prácticos; química, exactos pero no sistemáticos; anatomía, profundos; literatura sensacionalista, inmensos; toca el violín, es experto en esgrima y boxeo, y conoce sobre las leyes de Inglaterra.

¿Hacía falta que Conan Doyle lo presentara así en la novela donde nace al mundo literario Sherlock Holmes? Quizá haya sido un exceso, pero lo cierto es que nos brinda un pequeño perfil de quien fuera a convertirse (muy pronto) en al prototipo del detective por excelencia.

Por otra parte, y varias décadas después, Agatha Christie nos va presentando a Hércules Poirot, poco a poco, conforme nace y va creciendo la saga. Sabemos que es belga, escrupuloso con su arreglo personal y sus alimentos, un tanto hipocondriaco y con un bigote encerado rocambolesco; digamos que con un dejo más literario (y cómplice) Christie va dando pinceladas de Poirot. A partir de El misterioso caso de Styles, empezamos a conocer al curioso y excéntrico detective, incluso en su última aparición, Telón, nos sorprende con resquicios totalmente desconocidos de su personaje: entre ambas novelas hay 55 años y sólo en esta última, Christie nos revela (o confía, según la perspectiva) algo que creíamos inconcebible de Poirot: enfrentarnos al detective que puede, incluso, asesinar si es necesario.

Entre las filias y fobias de Holmes y Poirot, como lectores, vamos adentrándonos en sus vidas y personalidades peculiares. Si Sherlock, el detective, puede drogarse, ¿por qué no Poirot, el detective, puede asesinar? Estas excentricidades sólo apuntalan a los dos grandiosos personajes literarios.

¿Sería necesario elegir?, ¿por cuál de ellos y por qué razón?, ¿podemos ser felices con ambos?, en mi caso, simple mortal, disfruto enormidades con sus razonamientos y soluciones, con el violín desafinado de Sherlock y la cocina experimental de Poirot.

Según Borges, “Sherlock Holmes era hombre de taladro y de microscopio, no de razonamientos”, lo cual suena casi a un despropósito, pero ¿quién ubica a Holmes como hombre de acción sin tener de referencia la saga que ha filmado Guy Ritchie? ¿Cuál de ellos entraña una fascinación con los lectores? Los dos, pues nos permiten resolver casos y vivir aventuras sin salir de casa, haciendo las delicias de nuestras horas de lectura y apasionándonos con la elucubración y los métodos de investigación de este par de detectives memorables. Tanto Conan Doyle como Agatha Christie, tras décadas de fama y gloria por sus personajes, trataron de terminar con ellos, o al menos lo intentaron (Doyle), o lo lograron, como Christie, quien nos comparte la muerte de Poirot en Telón (valga aquí la recomendación de la serie inglesa con el incomparable David Suchet como Poirot, para quienes gocen de la trama y el misterio: una total garantía). Ambos escritores, creadores de los máximos detectives de finales del siglo XIX y hasta los años 50 del XX, cerraron los ciclos de vida de sus famosos personajes. ¿Cansancio, falta de ideas, evitar repetirse…? Las respuestas son múltiples y variadas, tantas como lectores, quienes, por otro lado, debemos estar agradecidos por las plumas que dieron vida a tan carismáticos detectives. Quienes hoy en día frecuentamos (o habitamos) el género policial, no dejamos de sorprendernos con los nuevos canales o subgéneros que surgen, con las nuevas vías de oxígeno que le llegan al portentoso género, de varias décadas atrás o recientes: Mankell, Camilleri, James, Larsson, Lemaitre, Flynn, Nesbø, Sund, Hammet, Chandler…, pareciera que el género centenario goza de muy buena salud y que –aplausos de fondo–, ansiamos leer lo que sigue.

 

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