James Graham Ballard

Después de dos años en Cambridge, donde estudió medicina, fue redactor de un periódico técnico y portero de Covent Garden antes de incorporarse a la RAF en Canadá. Tras el servicio militar trabajó como director asistente de una revista científica hasta la publicación en 1961 de su primera novela, El mundo sumergido. En 1984 ganó el Guardian Fiction Prize y el James Tait Black Memorial Prize por su novela El imperio del sol, que fue llevada a la gran pantalla por Steven Spielberg en 1987. Otras obras suyas son La sequía (Debolsillo, 2009), la trilogía urbana —compuesta por Crash (1973; adaptada al cine por David Cronenberg en 1996), La isla de cemento (1974) y Rascacielos (1975)—, Compañía de Sueños Ilimitada (Debolsillo, 2009), La bondad de las mujeres (Debolsillo, 2008) y Noches de cocaína (1996). Su último libro fue Milagros de vida (Debolsillo, 2010), su autobiografía.
Considerado uno de los visionarios del siglo XX, una autoridad en la ciencia ficción y uno de los últimos surrealistas, Ballard es una de las lecturas imprescindibles de la literatura universal. Su novela más conocida es El imperio del sol (1984) que representa una parte esencial del imaginario del escritor. Creció en una colonia británica de Shangai, y por tanto, tuvo una infancia rodeada de exotismo y aventura en la China de la primera mitad del siglo pasado. Otra de sus temáticas recurrentes tiene que ver con el caos que amenaza la vida en el planeta y los efectos que tiene este contexto en los personajes. Novelas como El mundo sumergido, La sequía o El mundo de cristal describen civilizaciones al borde del apocalipsis originado por diversas circunstancias. En su autobiografía Milagros de vida revela su enfermedad y su consciencia sobre la muerte, y describe la difícil situación que atravesó cuando su esposa murió en unas vacaciones en Alicante a causa de una neumonía quedándose él a cargo de sus tres hijos.
Sus escenarios están poblados de imágenes de albercas vacías. El autor pensaba que eran fascinantes:

Bien, es algo misterioso, soy feliz cuando escribo sobre piscinas vacías, casas vacías, hoteles vacíos. La razón es quizá mi experiencia en la segunda guerra mundial. Vivía en Shangai y la ciudad sufrió una transformación radical con la invasión japonesa: quedó desolada. Algo pasó en mí entonces, cuando tenía 12-13 años. Me he pasado la vida tratando de entender el qué. Fui testigo de cosas terribles. Shangai era una ciudad moderna y de golpe todo acabó y dio paso a los crímenes más brutales. (El País, 1995)

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