La cabeza de la hidra: manifestaciones de un país en crisis

La historia de un amor prohibido se va desarrollando entre las intrincadas y barrocas costumbres del México de finales de los setenta; llena de personajes que se enfrentaban a una realidad compleja donde todo –sobre todo el poder y las pasiones– parece difuso y sin sentido. Esto podría ser, a grandes rasgos, una descripción de la novela de Carlos Fuentes: La cabeza de la hidra.

 

La manera en que se cuentan las cosas es fundamental, es ahí donde la habilidad y la destreza de un gran escritor como Fuentes encuentran su mayor regocijo. Entonces, La cabeza de la hidra no sólo es una irónica historia de amor atravesada por las circunstancias de un país a la deriva y en bonanza, que resultará en la mala combinación del derroche y la irresponsabilidad; sino también es una fuerte y aguda crítica a un país que no ha encontrado un rumbo, la novela en muchos pasajes resulta tan actual como en los años en que se publicó –finales de los setenta–.

 

Félix Maldonado, el protagonista de este embrollo, es un funcionario que de a poco se va involucrando en situaciones bastante extrañas: tratando de ser un espía para salvar el tesoro de la nación se envuelve en decepciones amorosas y situaciones surreales, donde lo bueno y lo malo se desdibujan, los referentes a una realidad coherente no se ven claros, los individuos a su alrededor juegan roles extraños y siempre cambiantes. Todo esto aderezado con humor irónico e inteligente, que podría mancillar egos de patriotas trasnochados amantes de los años dorados del boom petrolero en México. Sin quemar más la trama y para concluir, en este libro se encontrarán un extraordinario thriller político con varios ingredientes: la inteligencia tercermundista de un país desorganizado, un espía burócrata con un amor prohibido, funcionarios sui generis en situaciones delirantes. Y aunque quizá este libro diste un poco del estilo de Fuentes, encuentro en este desliz una de las cosas que más disfruté al leerlo. En resumen, leer a Carlos Fuentes siempre resulta estimulante, aunque la Cabeza de la hidra lo es en especial.

 

La cabeza de la hidra, Carlos Fuentes, Alfaguara, 1978.

 

 

 

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