“La discreta recompensa de los sacrificios”

“Nada me satisface”, se escucha en la voz de José Agustín. O casi. De hecho ni siquiera usas estas palabras, sino aquellas que Mick Jagger y Keith Richards inmortalizaron en la célebre I Can’t Get No (Satisfaction), canción que Agustín usó como epígrafe a su primer volumen de cuentos: Inventando que sueño (Drama en cuatro actos).

El libro apareció en junio de 1968, cuatro años después que La tumba, pero también en una coyuntura en la que nuestro país podía permitirse soñar. En él hay magia, ritmo, provocación, misterio, desenfreno. También la voz de una generación que buscaba liberarse de las ataduras del conservadurismo (ético y estético, por no agregar político). Hasta el amor, un amor brumoso que inunda todo sin dejarse ver, cabe en este libro.
Pasarían veinte años para que José Agustín volviera a publicar un volumen de cuentos. No hay censura, de 1988, presenta una mayor reflexión, pero conserva el ritmo, el sueño y la provocación. En sus cuentos se traslucen inquietudes más profundas que en Inventando que sueño, pero también una voz más penetrante. Si Inventando que sueño fue un eufórico rock & roll, pienso, No hay censura es un denso y melancólico blues-rock.
El recital continúa con No pases esta puerta, una brújula literaria en la que conviven por igual lo cotidiano y la fantasía. El caló y la alta cultura se funden en una amalgama brillante, llena de aristas, donde el autor teje el mapa de sus coloridos intereses. Como anticipaba en Inventando que sueño, la página difumina sus límites, se vuelve un lienzo donde más que escribir, Agustín pinta sus paisajes urbanos, la crónica indirecta de la ciudad. Para entonces un autor consolidado, aunque siempre experimental, José Agustín nos ofrece en esta colección su ópera-rock.
Cierra este volumen la colección de cuentos Los grandes discos de rock, una mezcla entre las influencias musicales y literarias del autor, pero también un homenaje a una generación cuya juventud sobrevivió al paso del tiempo. Aparecido en 2001, este volumen se encuentra a cuatro décadas del debut literario de Agustín. Sin embargo, al igual que las novedades discográficas de instituciones musicales como The Rolling Stones o AC/DC, conserva intactos el ímpetu y la fuerza del comienzo.
“Los ojos de los demás”, un cuento inédito hasta esta antología, es el encore perfecto con que cierra este concierto literario. Uno que sus lectores agradecen no tanto por la sorpresa, sino por el reconocimiento de una de las voces más hábiles y vigorosas de las letras mexicanas.
Una vez terminado el concierto, a los asistentes nos queda la certeza de que Agustín canta con una voz fresca, jovial, pero sobre todo con mucho ingenio lingüístico y humor honesto. Sus cuentos son ácido en la conciencia, comezón en el amor propio y el dedo en la llaga de la historia. También, y esto es importante, son, como diría Carlos Velázquez, “un lenguaje en estado de gracia”. Si alguna recompensa obtiene José Agustín de todo esto, esa es la certeza de que su voz resonará a pesar del tiempo.

 

Por: David Velázquez

Reseña del libro: Cuentos completos / José Agustín, Debolsillo, 2013.


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