La edad de oro de la literatura rusa

A veces creo que ignotas conjunciones astrales, nunca muy duraderas, favorecen periódicamente la aparición de obras magnas, destinadas a perdurar; luego los astros cambian de posición y todos a jorobarse. Como si los próceres se dieran por rachas (Mafalda dixit). Ejemplos: los decenios 1960-1970 para la literatura latinoamericana, el año 1967 para el rock, y la segunda mitad del siglo XIX para la literatura rusa.

Y sobre esa literatura, ahora clásica (es decir: digna de imitación), todos sabemos una buena cantidad de cosas, la hayamos leído o no. Sabemos de la extensión descomunal de obras tan afamadas como Crimen y castigo, Guerra y paz o Ana Karenina (estamos hablando de entre ochocientas y mil páginas). Sabemos que al final de la novela (y esto no es un spoiler), Ana Karenina se suicida arrojándose al paso de un tren. Sabemos que Lev Tolstoi y Fiódor Dostoievski son considerados escritores a la altura de los mejores; pares de Cervantes, de Shakespeare, de Victor Hugo, de Dante. Y sabemos que los rusos del XIX practicaron una escritura morosa, detallista, lenta, que algunos contemporáneos consideran “árida”, probablemente haciéndose eco de la constante prisa sin objetivo que marca nuestros tiempos.

Ahora bien: lo que probablemente nos haga falta es leer estas obras. Probablemente tú, que me has seguido hasta aquí, disfrutas de la lectura y cuando te sumerges en una novela bendices que haya muchas páginas por delante, y hasta sufres un poco cuando notas que ya vas a terminarla, porque no quieres que se acabe. Probablemente también celebras que el autor se tome su tiempo para contarte la historia en vez de hacerte sentir que te lleva innecesariamente en chinga. Si es así, toma cualquiera de las tres novelas que cité arriba (puedes conseguirlas a muy buen precio) y comprueba que no te he estado diciendo la verdad, sino la neta (por cierto: añade a la lista El idiota).

También puede ser que, a pesar de los pesares, lo tuyo no sea la lectura de largo aliento; en ese caso, están a tu disposición los cuentos de Dostoievski, y además te recomiendo a otros rusos, que son maestros, de igual modo a la altura de los mejores de todos los tiempos, en el arte del cuento: Antón Chéjov y Nicolai Gogol. Una vez que hayas sintonizado con su maestría para crear personajes y lograr atmósferas, querrás continuar leyéndolos.

 

*Imagen tomada de Monster of Theid.

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