La mundanidad de Maquiavelo

Hay figuras del pensamiento que, por la trascendencia de sus ideas y argumentos, alcanzan la condición de clásicos, de imprescindibles. Nicolás Maquiavelo es una de esas figuras. Considerado junto con Aristóteles y Thomas Hobbes como uno de los precursores y pilares de la teoría política, y de las ciencias políticas como disciplina, su nombre se conoce más allá de los campos mencionados, ha entrado en el imaginario social y se asocia con valores, ideas y prácticas que rebasan el ámbito político.

Menciono esto porque es lo primero que salta a la mente al leer Maquiavelo. Una guía contemporánea de lectura sobre lo político y el Estado producto de un esfuerzo colectivo, coordinado por Israel Covarrubias, académico de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), es un trabajo que se estructura en torno a dos objetivos: someter a escrutinio y debate la condición de clásico de Maquiavelo y cuestionar la idea que tenemos actualmente de él, en el imaginario popular e intelectual.

Congregados los autores bajo estos objetivos, cada uno de los ensayos, artículos, y ejercicios de reflexión que están plasmados aquí indagan, trazan caminos y férreas preguntas sobre las aportaciones teóricas y políticas del pensador florentino. La primera parte del libro se cuestiona estos elementos a la vera de su pertinencia para pensar la política y lo político hoy, honrando el subtítulo del libro. Ideas como la fortuna, la palabra (me atrevería a decir que su retórica), su uso de la historia para pensar los problemas de su tiempo, la separación que hace de la política de otros ámbitos, la virtù como una cualidad del hombre político, así como su aportación principal: pensar al Estado desde lo concreto.

Cada uno de los ensayos de la primera parte busca recuperar la forma en que Maquiavelo dio sentido a esas ideas, de qué manera esas ideas nacen de sus inquietudes y necesidades, para poder desagregarlas y recuperar lo que de ellas es distintivo para incidir en el pensamiento y la práctica política actual. Son textos que, sin dejar de ver a Maquiavelo en su contexto, buscan invitarlo a nuestro desierto de lo real para guiarnos y aconsejarnos como lo habría hecho él en su momento. Son indagatorias que reconocen, en él, una oportunidad para comprendernos y reconocernos ante las distintas problemáticas que enfrentamos.

Dentro de estas búsquedas, cada uno de los autores identifica y señala los elementos distintivos del pensamiento de Maquiavelo, en relación con su condición histórica como un personaje de ruptura. Así, Javier Franzé se pregunta si Maquiavelo es un personaje que se apega a la noción clásica de la política como administración, o la lectura nueva de la política como creación. Israel Covarrubias se preocupa por la importancia del lenguaje en la redacción del florentino, y la necesidad de señalarlo para destacar lo novedoso de sus ideas. La ruptura maquiaveliana se convierte, así, en el quid de las reflexiones y el puente que las trae a nuestro presente.

La segunda parte del libro atañe a esta ruptura desde una perspectiva histórica. Lo que busca es dar una significación a la trascendencia de Maquiavelo y rascar los fundamentos de su posición como clásico. La finalidad es regresar la mundanidad a un personaje cuyo principal atributo intelectual fue ése: darle un lugar y un estatuto a la mundanidad en un mundo que buscaba la inmanencia. A través de este ejercicio, no sólo se conoce al personaje en su entorno, sino también al entorno en el personaje.

Maquiavelo es un pensador fundamental porque caracteriza y sintetiza al humanismo renacentista, que nace en un complejo contexto económico y político, producto de las exploraciones marítimas que significaron la apertura y la dinamización de un mundo que, hasta entonces, había sido cerrado y estático. Herminio Sánchez, en “El contexto sociocultural de Nicolás Maquiavelo” afirma: “Lo curioso y paradójico, tanto en la Edad Media como en el Renacimiento, es que en Italia existía una situación comercial y financiera extraordinariamente eficiente y próspera que se contraponía de forma tajante con un contexto político de naturaleza profundamente caótica.”

Es una realidad que, en palabras de Luis Villoro, decide colocar al hombre en el centro, sabiendo que es lo único que podría dar sentido a este nuevo mundo que se muestra inconmensurable. Esto es rescatado por Roberto García Jurado en “Maquiavelo: la educación y formación de un humanista”, donde analiza la relación entre la condición social y económica de Maquiavelo y los recursos que permitieron una educación que lo convirtió en un hombre de acción y reflexión.

El producto de este perfil humanista en la obra de Maquiavelo, es lo que lleva Juan Cristóbal Cruz Revueltas y Martha Elisa López Pedraza a pensar sus ideas como parte de una ruptura mayor con el pensamiento medieval, donde se pueden rastrear las fuentes que dieron lugar a la ruptura y construir un espacio de distinción e incidencia donde se le coloca. Así, queda una pregunta que, aunque cierra, bien puede iniciar la lectura de este libro: “¿Por qué esta dificultad para considerar y pensar al autor de El príncipe?”

La respuesta es inmediata: “Es plausible considerar que la ansiedad que produce Maquiavelo refleja ante todo un problema profundo de las sociedades monoteístas, a saber, su dificultad de imaginar que el horizonte religioso (de tipo trascendente) no es una realidad inherente o necesaria a la moral, a la cultura y ni siquiera al hombre.” Maquiavelo como representante y vocero de la ruptura, como el principal abogado de la mundanidad en un mundo desbocado que anhela el regreso a la trascendencia. En este libro, que es un ir y venir entre pasado y presente, algo queda claro. No debemos olvidar que la principal aportación de Maquiavelo, es hacernos ver con seriedad, ironía y un toque de descaro a la mundanidad, pues es lo único donde nuestra acción tiene sentido.


Israel Covarrubias (coord). Maquiavelo. Una guía contemporánea de lectura sobre lo político y el Estado. Taurus Pensamiento. México: 2017, 291 pp.

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