La parte de mí que desconocía

Ser feliz era esto: la vida llena de capítulos que se construyen con las historias pasadas y las acciones diarias. Un relato repleto de paisajes y emociones. La historia de dos seres tan vulnerables, que, sin buscarla, encuentran la verdadera felicidad.

Ambos personajes descubrirán a través de lágrimas, enojos, alegrías, miedos, aventuras y peleas, un motivo para querer retomar su camino, sin importar los contextos.
Así de simple.

Por un lado, Lucas, un exitoso escritor, inmerso en un mundo introvertido sin grandes búsquedas, comparte su vida con una mujer desde hace 17 años. Una vida feliz.
Por el otro, Sofía, una adolescente fuera de lo común, llena de emociones, de arrebatos emocionales que surgen en esa etapa de la vida, tras la muerte de su madre decide ir a buscar a su progenitor a Morón, Buenos Aires.

Y de pronto ya estás atrapado por la delicada forma en la que esta historia es contada, todo a través de la perspectiva de Sofía, quien un día decide pararse frente el apartamento de Lucas y presentarse como su hija. Pareciera que a él le echaron una cubeta de agua helada tras la noticia. Ahí inicia la gran aventura. Con lo inesperado, construyendo la felicidad.

Como en todas las relaciones humanas, siempre hay subidas y bajadas, idas y vueltas, pero también nos encontramos en momentos en los que no pasa nada, en los que todo se encuentra en completa calma. Así se transforma la vida de estos dos personajes, quienes a través de la convivencia diaria irán fortaleciendo el vínculo que ahora tienen. Se irán conociendo y adaptando al nuevo rol en sus vidas: el de Lucas, ser padre, y el de Sofía, ser hija.

La forma en la que Eduardo Sacheri trata a cada uno de los personajes sin desdeñar sus ideas y comportamientos consigue que nos identifiquemos, que nos veamos a nosotros mismos. Un hilo muy delgado nos une con estas historias de vida cotidiana que captan la esencia humana en sus distintas etapas.

Leer Ser feliz era esto nos hace pensar que en algún momento pudimos ser Sofía o, en su defecto, en un futuro, estar en el lugar de Lucas. Estos sueños cruzados que son unidos por el destino nos invitan a pensar que nunca debemos sentenciarnos ante ninguna circunstancia.
Porque descubriremos que, con el tiempo, se dejan de lado los miedos y temores con los que inicia cada nueva etapa. Como Sofía, quien le muestra a Lucas un nuevo camino a la felicidad, sin ser consciente de que ella misma está construyéndola en ese vaivén de emociones.
De eso se trata ser feliz: de lo cotidiano, de la perspectiva con la que miremos lo que nos sucede.

Por: Idalid Mora Cedeño

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