La sonrisa y el fracaso de Ortega y Gasset

De entre todas las curiosidades de las que uno se entera en esta gran biografía sobre Ortega y Gasset, está una tan memorable como la razón por la que entre sus apellidos se encuentra esa “y” que a tantos ha confundido. En algún punto de su adolescencia, el joven filósofo –junto a su hermano Eduardo– decidió añadir la conjunción para que los apellidos de sus padres no produjeran la cacofonía “ga-ga” al pronunciarse enseguida.

Esa pequeña corrección fonética es Ortega y Gasset en estado puro: el hombre que se propuso moldearse a sí mismo y a España rumbo al siglo XX, a través de la tertulia, la política, su omnipresencia en la imprenta y la que fuera su pasión, la filosofía; esa disciplina que hizo que sus triunfos y fracasos fueran algo más grave y más alto. El liberal que actuó como un Pigmalión escultor de su país, de su leyenda familiar, de su propia esposa, de sus contemporáneos y alumnos.

Jordi Gracia es consciente de la magnitud de hacer una biografía de Ortega y Gasset, pues el registro documental del escritor nacido en Madrid, nutrido en Alemania y celebrado por Argentina y Portugal, es inmenso. Gracia pone, se pone, a prueba por medio de las lecturas de los libros de Ortega en sus versiones originales, los diez volúmenes de obras completas y, quizá la fuente documental más importante de este libro, su epistolario inédito.

El resultado es un triunfo. Además, para celebrar los 60 años sin Ortega y Gasset (1883-1955), aparece esta segunda edición de una biografía intensa, un retrato a cuerpo completo del hombre y su tiempo que es, a veces, desbordante por la enormidad de sus trabajos y sus días. Es tal su extensión que uno podría reconstruir el contexto y la historia de España a principios del siglo XX a través de la vida de su prohombre, aquel liberal sobresaliente, altanero y adelantado a su tiempo, autor de libros fundamentales y presencia goethiana en el mundo hispanohablante.

Nada era normal en Ortega y Gasset, un hombre que nació para moldear a España desde pequeño. Se decía que había nacido en una rotativa, arropado por periodistas, un padre que fue miembro de la Academia de la Lengua, y huésped de figuras como Unamuno, del Valle Inclán, quienes eran para Ortega presencias humanas, no las estatuas que son hoy. José, quien nunca ocultó su arrogancia y su orgullo, tenía la seguridad de que su destino era el de provocar una mutación en un país convaleciente, rancio y católico, la España invertebrada, que podía ser parte de Europa y del mundo a pesar de todo.

Gracia narra la ansiedad, la dispersión y el ímpetu casi invencible de Ortega y Gasset de la única forma que podía corresponder a alguien como él: en tiempo presente, con la velocidad y hasta la impaciencia de quien quería ser el hombre con más puntos de vista de su época. Todo ello basado en su pasión por el conocimiento, políglota en un país poco dado en aprender el alemán o el inglés; un europeísta consumado y escéptico del nacionalismo (tanto del español como del catalán), conservador que coqueteó con el socialismo, escritor y editor incansable en periódicos y revistas.

Especialmente, vemos aquí al pensador que estuvo a la altura de los desafíos filosóficos de su época, pues fue contemporáneo e interlocutor de neokantianos como sus maestros Hermann Cohen y Paul Natorp, y también de Edmund Husserl y Martin Heidegger, señores de la fenomenología. Si alguien tenía dudas de la pertenencia de Ortega al canon de los grandes pensadores, esta biografía es el mejor recordatorio de su papel capital en el reconocimiento de la lengua española como lengua de la filosofía.

Pero también vemos su fracaso como político y como escultor de España, presa de esos demonios que trató de exorcizar por medio de la razón durante las convulsiones que desembocarían en la guerra civil española y el franquismo. Más que una tragedia, el fracaso de Ortega es un aviso para ese país del que todavía es contemporáneo. Pero la derrota puede que haya valido la pena, pues la bandera de José sigue ondeando: la del “ejercicio de la inteligencia como gimnasia del instinto”, la filosofía como una vocación y una actividad vital y cálida a la vez.

Una cosa más antes de terminar. Tras leer La conquista de la ironía, la biografía que Jordi Gracia acaba de publicar sobre Miguel de Cervantes, se hace más claro uno de los elementos fundamentales de este volumen: la ironía con la que el propio Gracia relata la vida de José Ortega y Gasset, un personaje no precisamente humorístico pero sí sardónico. Con ese precedente cervantino, es más explícita la sonrisa grande y generosa ensombrecida por la disciplina y el talante polémico de su dueño, el gran Ortega y Gasset.

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