La vida es un sueño

El entorno social siempre ha estado marcado por dichos populares, proverbios y refranes. ¿Quién no ha escuchado la frase: “…que toda vida es un sueño / y los sueños, sueños son” (Segunda Jornada, escena XIX, Monólogo de Segismundo)? Ya desde el siglo XVII era un lugar común, tratado ya por los autores del periodo barroco (Lope de Vega, Quevedo), pero no es sino cuando el madrileño Pedro Calderón de la Barca escribe esta obra, que se toma en serio, desde una profundidad inusitada, el tema del libre albedrío, el destino y la posible irrealidad, llamada sueño.

Es difícil hablar sobre acaso uno de los libros más populares de la literatura universal, del cual se han hecho centenas de reseñas a lo largo de la historia. Pero en este caso, lo que nos trae mucha luz es el prólogo, realizado por Enrique Rull, profesor titular de literatura española en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), investigador de literatura del Siglo de Oro, quien realiza la introducción, edición y un análisis de la obra; ofrece un panorama sobre el Barroco y el contexto social y político. Además, nos obsequia con una semblanza detallada de la vida de Pedro Calderón de la Barca.

Esta edición, que pertenece a la colección de Penguin Clásicos, nos da herramientas para poder comprender con mayor amplitud, no solamente esta obra, sino la producción literaria de Pedro Calderón de la Barca y, en sí, acerca del periodo barroco; ofrece un cronograma de natalicios (y otros momentos importantes) y obras de autores reconocidos y también acontecimientos trascendentes a nivel histórico y cultural. Es, sin duda, una edición imprescindible en cualquier biblioteca que se respete.

Para quienes no conozcan aún esta obra, es prudente explicar que la obra se compone de tres jornadas, en las cuales hay diálogos y monólogos. La trama es sencilla: en tres actos se cuenta la historia de Basilio, rey de Polonia, quien encierra a Segismundo, su hijo, desde su nacimiento, en una torre para evitar, como tantas veces se ha argumentado, que se cumpla el destino: ser humillado por su propio hijo, tirano (se tenía esa creencia porque su madre murió). Después de un tiempo, y al no engendrar más hijos, se pregunta si acaso su hijo debiera estar en el mundo.

Alternamente, se cuenta la  historia de Rosaura, quien viaja a Polonia para recuperar un poco de la honra perdida gracias a Astolfo, quien es parte de la corte del rey.

Segismundo, por su parte, después de pasar toda su vida encerrado, es llevado a la corte, bajo influencia de un narcótico. Y al saber quién es, Segismundo se vuelve mitad asombro, mitad violencia. Todo él actuando a la altura de la furia. Vuelve a ser encerrado, pero al ser evidente para el pueblo que Segismundo es el real heredero al trono y está siendo tratado mal, se levanta la polémica, la presión social.

A partir de esta experiencia, y también por sus rasgos de personalidad, después de un tiempo, de pruebas, y de la transformación a partir del amor que experimenta por Rosaura y después por su padre, el rey, se puede apreciar a un Segismundo distinto, más piadoso, más justo; un buen gobernante. Al final, el rey descubre que Segismundo es más noble de lo que imagina.

Segismundo es, quizá uno de los personajes más emblemáticos, por su profundidad, su desafío al destino, la fuerza de voluntad y los claroscuros, elemento particular, aunque no exclusivo, de la literatura del periodo barroco.

 

 

La vida es sueño, Calderón de la Barca, Penguin Clásicos, 2015.

 

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