El lamento de un poeta moderno

¿Por qué T.S. Eliot (1888-1965) es considerado uno de los poetas más importantes del siglo xx? El escritor inglés nacido en Estados Unidos, que renunció a su ciudadanía estadounidense, escribió uno de los poemas más célebres: La tierra baldía (1922).

El autor dijo sobre la crítica a su poema que:

Varios críticos me han hecho el honor de interpretar el poema en términos de una crítica al mundo contemporáneo, de hecho lo han considerado como una importante muestra de crítica social. Para mí supuso solo el alivio de una personal y totalmente insignificante queja contra la vida; no es más que un trozo de rítmico lamento.

Sin embargo, más que crítica hay un reflejo de la realidad de este hombre a través de la polifonía fragmentada que conforma cada uno de los personajes que aparecen. El texto va más allá de una queja personal, tan sólo por su estética modernista se aprecia que no es un lamento cualquiera, habla del entorno histórico que presenció el autor.

La tierra baldía se publicó algunos años después de que terminó la Primera Guerra Mundial, la cual resquebrajó la creencia de que los avances tecnológicos eran prueba de la evolución humana. Se hizo evidente que los progresos científicos no iban de la mano con el progreso moral ni social. Las grandes ciudades se fueron construyendo, hubo innovaciones en los medios de comunicación y la masificación de las cosas comenzó a ser una constante. Aunado a todos los conflictos sociales, políticos y bélicos que existían, sólo se acentuó la soledad en un mundo saturado. La conmoción reflejaba el vacío interior que había quedado en la gente como resultado de la Gran Guerra. Así, el poema de Eliot es el lamento de un poeta, un llanto a la decadencia y la esterilidad de la humanidad.

El texto, que va de lo micro a lo macro, está compuesto por cinco secciones que no tienen una relación evidente entre ellas, pero sí una intención; presenta un mosaico de imágenes y referencias culturales muy amplio que no cualquier lector podría comprender en primera instancia. La respiración que tiene el poema y el ritmo contribuye a la atmósfera de desorden y desorientación, un efecto que causa Eliot con las imágenes tan disgregadas que conforman el poema:

«Estoy mal de los nervios esta noche. Sí, mal. No te vayas.
Di algo. ¿Por qué no hablas nunca? Di.
¿En qué estás pensando? ¿Qué piensas? ¿Qué?
Nunca sé qué piensas. Piensa.»

Pienso que estamos en el callejón de las ratas
donde los muertos perdieron los huesos.

«¿Qué es ese ruido?»
El viento en la puerta.
«¿Y este otro ruido? ¿Qué hace el viento?»
Nada otra vez nada.
«¿No
sabes nada? ¿No ves nada? ¿No recuerdas
nada?»

Recuerdo
son perlas lo que eran sus ojos antes.
«¿Estás vivo o muerto? ¿No tienes nada en la cabeza?»

La angustia, la crudeza y el caos son elementos constantes y un tanto sutiles. Aunque el lector no tenga el bagaje cultural para comprender todas las referencias, se puede percibir la devastación que evoca el poema a través del resto de los elementos que lo conforman. El lector es capaz de imaginar escenas que retratan la sordidez de la vida cotidiana después de la guerra.

La tierra baldía es el reflejo de una época de fragmentación y esterilidad, en la que el ajetreo de la vida moderna sólo manifiesta el verdadero abandono de la humanidad ante la tecnología y sus productos derivados del intelecto del hombre, la producción artística termina siendo un medio capaz de plasmar las angustias ante la aniquilación de la humanidad como género humano y como cualidad sensible.

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