Los cinco personajes (que no son de Shakespeare) más dramáticos del teatro

¡No más Shakespeare! Hablemos de algunos personajes que se encuentran ligados a la realidad histórica y que, sólo mediante la ficción, sus historias se han hecho un poco más creíbles. Ya sabemos a estas alturas que, en ocasiones, la realidad es más difícil de aceptar que la ficción.

Cyrano (Cyrano de Bergerac)

Aunque no todo lo que escribe Edmond Rostand resulta cierto, Cyrano existió en la vida real. Es verdad que fue poeta, espadachín valiente y maestro versado en chistes de narices. Este hombre, famoso por tener un obelisco entre ojos y boca, es en la ficción el eterno enamorado de la bella Roxana; consideró que amar su rostro era demasiado pedir y se conformó con enamorarla de lejos con sus versos. Amante fracasado y precursor de la friendzone, ha ganado un lugar en el parnaso de las narices ilustres de la literatura —junto a Góngora, Pinocho y Rodolfo el reno— por derecho propio.

Don Juan

El mito del seductor español más famoso. Es un burlador de mujeres que, con tal de poseer a la primera inocente en la que fija su atención, es capaz de cualquier fechoría para, una vez saciado su deseo, abandonarla. Entre las obras más famosas que inspiró la leyenda, destacan las versiones de Molière, Tirso de Molina y José Zorrilla. Es difícil escoger entre todos los donjuanes posibles porque el destino del protagonista cambia según la versión; oscila entre la justa condena por sus pecados y la redención que sólo ofrece el amor verdadero. Hay para cualquier gusto, escoja usted su preferido.

Juana de Arco (La doncella de Orleans)

Friedrich Schiller tiene en Juana una prueba tangible de su talento dramático. Ella es una joven campesina que sigue el llamado de Dios para abandonar su vida, tomar las armas y proteger a Francia de los ingleses. Es la encarnación del amor a la patria y a Dios, del sacrificio personal en aras de un objetivo superior. Hay que admitir que la versión de Schiller es bastante más libre e idealizada que la historia original —incluso cambia el final—, aunque esto no resta valor a una mujer tan determinada, tanto en su vida como en el arte al que inspiró.

Johann Georg Fausto

Al igual que don Juan, Fausto es más un mito que una persona real. Su historia surge durante la Edad Media y es archiconocida: un sabio anciano vende su alma al diablo para conocer los secretos del mundo y es tentado por los placeres terrenales. En el teatro son conocidas las versiones de Christopher Marlowe (contemporáneo de Shakespeare) y especialmente la de Goethe (cuya representación íntegra duraría unos ocho días seguidos); ambas difieren en el final y se debaten entre la redención y la condena del alma de Fausto. Pese al aire de don Juan, él es su propio mito.

Tartufo (Tartufo)

Molière gustaba de criticar a los médicos, abogados o prestamistas. Con la figura de Tartufo, atacó a los falsos devotos que tuercen las intenciones más nobles para sacar un beneficio a costa de otros. Este odioso y rastrero bellaco no duda en usar una máscara de beato ni en generar la ruina de la familia acomodada que le tendió la mano en tiempos de necesidad. De aspecto serio, en realidad es cobarde y patético; evita cualquier conflicto que no esté seguro de ganar y es incapaz de despertar la menor simpatía —a no ser que desee algo en particular—. Por extraño que suene, es un gusto despreciarlo.

 

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