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Los retos de la democracia: la visión de Sartori
Fabián Martínez comment 0 Comentarios access_time 10 min de lectura
«El pueblo así es como seguirá mejor a sus jefes,
ni demasiado suelto ni en exceso apretado».
—Solón

La única forma de gobierno que permite ser cuestionada por ciudadanos libres e iguales es la democracia. La palabra democracia en ningún otro momento de la historia se había pronunciado tantas veces y por tantos ciudadanos como en la nuestra. Aunque esto no significa que todas las menciones sean positivas. Sin remontarnos muy lejos, al menos desde el inicio del siglo xxi existen serios cuestionamientos a los fundamentos conceptuales y empíricos de la democracia.

Las plumas de Rosanvallón o Reybrouck han generado planteamientos que diagnostican una crisis de la democracia (falta de representatividad, alta corrupción en las élites, rechazo a partidos políticos, entre otros); paralelamente, hay ejercicios demoscópicos, como el Latinobarómetro (2017), que en su trayectoria histórica han detectado un aumento porcentual en la insatisfacción ciudadana con la democracia, y también hay ejercicios de tipo teórico, como el de Colin Crouch, que incorporan al análisis conceptual fenómenos políticos, sociales, antropológicos y lingüísticos como la post-verdad, post-sociedad, post-democracia o post-gobierno, que señalan más los retos y debilidades, antes que las virtudes y fortalezas, de la democracia. En ese contexto crece la necesidad de teóricos que recuperen las fronteras conceptuales de la democracia y transmitan las ventajas de vivir democráticamente.

Justamente el profesor italiano Giovanni Sartori se ubica entre los defensores de la teoría política de la democracia. Su basta obra es leída en las universidades más prestigiosas de ciencias políticas en el mundo. En La democracia en 30 lecciones (Debolsillo, 2015) expone con brevedad y sencillez una serie de precisiones de la situación política mundial. Su explicación inicia en el mundo antiguo, abarca las herencias de las prácticas religiosas medievales, abunda en la transformación de la democracia antigua a la moderna y advierte de los peligros que acechan continuamente a la democracia del siglo xxi.

La democracia en 30 lecciones es un libro reconstruido después de que Sartori emprendiera la tarea de presentar en la televisión italiana 30 capsulas didácticas de conceptos de la ciencia política. El objetivo principal de la participación del profesor fue acercar el conocimiento a un público más amplio y diverso y después motivar a los ciudadanos a dialogar y debatir.

Los incentivos que alientan la lectura son de diverso tipo. La democracia en 30 lecciones está escrito con calidad literaria. Al mismo tiempo de guardar la formalidad académica acierta en seleccionar pasajes ilustrativos de la historia. Al entrelazar rigor y ejemplificación elimina toda sensación de aburrimiento. Así, puede iniciar hablando de la Revolución francesa y el origen de la opinión pública y acabar hablando del “modelo de cascada” que postula que una opinión se mezcla con otras más para rejuvenecer o transformar una opinión originaria.

La democracia en 30 lecciones es un libro compacto y sintético. Cada tema Sartori lo expone en dos o tres páginas con armónico entusiasmo. Si usted busca conocer el planteamiento general de la teoría de élites, o adentrarse en el estudio de la utopía, si su interés está puesto en la diferencia del realismoidealismo, izquierdaderecha, o si requiere saber el significado político de las palabras revolución, socialismo o libertad, el libro de Sartori resulta iluminador.

Por ejemplo, la primera lección trata sobre la filología de la palabra democracia y su mestizaje grecolatino. Sartori se pregunta ¿qué es la democracia? Acto seguido responde, democracia es una palabra griega y nació efectivamente en Grecia, como lo apunta Jacqueline de Romilly (Los fundamentos de la democracia). Para entender un concepto por lo regular partimos de comprender la palabra. Con la palabra democracia ocurre lo mismo. Comúnmente traducimos demos por pueblo y, sin entrar en mayores interpretaciones al unirse con krathos, poder, la democracia adquiere el significado de poder del pueblo. Sin embargo, la noción no es una conjugación de palabras. Demos es un territorio o bien una parte del pueblo, específicamente la parte pobre (Aristóteles, Constitución de los atenienses, 4). Es ahí donde se enroca la palabra griega con la latina. El demos se traduce como populus, pobres. Por extensión filológica, la democracia también adquiere el significado de gobierno de los pobres. Como se puede inferir, si partimos exclusivamente del sentido originario de la palabra democracia, la conceptualización resulta problemática. Para librarse del imbricado terreno de las definiciones, Sartori elige el pragmatismo: recomienda usar conceptos funcionales. Define la democracia desde un punto de vista operativo como el gobierno de una mayoría, “bien absoluta o bien moderada”. A primera vista parece que todo queda despejado. Pero falta conocer qué significa el sufijo de demos, krathos. El krathos, (traducido como poder y que también puede significar gobierno), Sartori lo define de la siguiente manera: “el poder es una relación: un individuo tiene poder sobre otro porque le obliga a hacer lo que de otra forma no haría” (La democracia en 30 lecciones, 20). Esta práctica de poder entre sujetos se amplía hasta el ejercicio de gobiernos y así se incluyen ambos sentidos.

Ahora bien, después de aclararnos qué significa la palabra democracia, para Sartori hay dos caminos para conocer qué es la democracia, el primero es positivo y consiste en mencionar sus particularidades (lo que es) y el segundo invierte el modelo, habla de lo que no es la democracia.

La democracia está en contra del poder hereditario, del poder adquirido mediante levantamiento armado o de la autoproclamación personal en el poder. La democracia en vez de concentrar el poder lo distribuye para delegar responsabilidades. En ese sentido es contraria a la toma de decisiones de manera individual, promueve el diálogo y el encuentro inter-sujetos. Opuesta al autoritarismo y al totalitarismo, sitúa la legitimidad del ejercicio del poder en la elección del voto directo. La democracia representa la soberanía del pueblo y es secular; la monarquía representa a Dios.

Como buen politólogo, Sartori comprende que la democracia es un concepto que ha tenido una constante evolución, en su disertación escrita, desmenuza con brillante claridad el tránsito de la democracia de los antiguos a la democracia de los modernos. La polis democracia ateniense, por ejemplo, albergaba un aproximado de 35 mil ciudadanos y Aristóteles aseguraba que la democracia consistía en gobernar y ser gobernado: la alternancia era vital para la salud de la democracia ateniense. La democracia de los modernos, en cambio, alberga cientos de miles a millones de habitantes según sea el tamaño de la ciudad. La complejidad salta a la vista y dificulta la imitación del modelo ateniense. La pregunta clave que los teóricos de la modernidad se hicieron fue ¿cómo hacer para representar al pueblo? Ya que en la construcción de la democracia las mayorías pueden participar y es parte de un contexto histórico, la democracia imitó el ejercicio de los monjes en los conventos de la Edad Media. Ellos celebraban elecciones para definir a sus superiores mediante voto secreto (La democracia en 30 lecciones, 46). Esta medida fue tomada y se desechó la definición de cargos por sorteo o a mano alzada.

Con esos dos elementos, el de la definición y el del método para elegir a los representantes, la democracia dio un paso más para semejarse a lo que nosotros en el siglo xxi entendemos por el concepto. Sartori reconoce que las vertientes políticas disruptivas cambian el modo de pensar de la población e incluso cambian el lenguaje. Con la Ilustración francesa nace el liberalismo político (el liberalismo económico nace en Reino Unido, antes de la Revolución francesa su postura era que el desarrollo trae bienestar y el bienestar trae prosperidad) y concentró sus esfuerzos en retornar al debate público dos conceptos griegos: la libertad y la igualdad. La Revolución francesa es un periodo de contraste entre poder político y poder eclesiástico. Existe una tendencia amplia de separar ambas esferas de acción.

En la fusión de los conceptos de libertad e igualdad, asegura Sartori, se construyen las leyes. Las leyes permiten a una sociedad crear un gobierno, con la mirada puesta en tomar decisiones justas. Un gobierno sin leyes ocasiona desigualdad social, jurídica y política; un gobierno sin libertades cívicas, oprime el actuar del ciudadano. Las leyes son al gobierno lo que el agua al cuerpo humano: imprescindibles. Las leyes proscriben la libertad: evitan que alguien sobrepase a los demás e iguala a los ciudadanos de dos maneras. 1) Iguala los puntos de partida para emprender algo y 2) garantiza las mismas oportunidades de los ciudadanos para competir por algo (La democracia en 30 lecciones, 72). Por ello, aclara Sartori, resulta apremiante que los ciudadanos comprendan que la igualdad les permite participar en la democracia y que la libertad les posibilita tener una vida digna.

El estudio de la democracia es una obligación del ciudadano actual. Sartori explícitamente recomienda conocer el pasado para no titubear en el porvenir. Si el estudio de la democracia antigua es tarea de historiadores, filólogos y lingüistas la conceptualización de la democracia liberal es trabajo de politólogos, sociólogos y juristas. La  retroalimentación y la multidisciplinariedad cumplen una labor importante en la construcción de la democracia. No cabe duda de que ante los enunciados de la democracia en riesgo (La democracia en 30 lecciones, 143) el optimismo intelectual y la confianza en la ciudadanía son las mejores defensas. Sin lugar a dudas, Sartori logra hacer de su libro un semillero de ideas en busca de lectores. Él, un entusiasta intelectual de la democracia, no puede sino provocar el debate sobre lo que ha sido, y sobre todo sobre lo que puede llegar a ser, la democracia. Por lo anterior resulta útil invertir la frase pascaliana y concluir: la democracia tiene sus razones que hoy más que nunca deben ser comunicadas para propiciar el debate y construir un espacio justo para todos.

 

@MartinezBFabian

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