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Meterse hasta la cocina
Redacción Langosta comment 0 Comentarios access_time 2 min de lectura

Piense usted, lector, en la mejor experiencia culinaria que haya tenido. Haga memoria y recuerde dónde estaba, la edad que tenía, si estaba solo o en compañía de alguien. ¿Se trataba de un platillo muy elaborado o uno sumamente sencillo? ¿Lo preparó usted mismo, un ser querido, algún cocinero experto o era acaso un producto industrializado? Trate de acordarse del aroma, la textura, el color y, por supuesto, del sabor.

¿Lo logró? A que sí.

Ese tipo de experiencias se quedan con nosotros, nos marcan pos su novedad, su intensidad y exclusividad. Lo mismo sucede con la literatura.
Una vez que nos topamos con un libro del que podemos degustar cada una de sus páginas, saborearlas al igual que un plato exquisito, para descubrir que quizá no volvamos a probar algo igual, la memoria es incapaz de dejar ir esta experiencia.
Por desgracia, querido lector, Un cadáver entre plato y plato no es este tipo de platillo. Aunque sus descripciones culinarias y arquitectónicas son esmeradas, y se agradece la novedad de involucrar a un augusto chef en la investigación de una serie de crímenes, su abuso del vocabulario especializado de la alta cocina obliga al lector a dirigirse continuamente al valioso glosario que cierra el libro, a costa del ritmo de lectura (con lo que el plato se nos enfría), o a ignorar por completo las descripciones y apurar la narración (lo que impide percibir sus matices).
Con todo, al final resulta claro que la intención de Hillenbrand no es sólo entretener al lector con este “thriller culinario”, sino denunciar los usos y abusos de la cocina a gran escala (la que va desde los restaurantes de comida rápida hasta los alimentos procesados), y develar algunos secretos poco amables del mundo de la haute cuisine internacional. A su favor, esto hace de la novela un interesante relato que nos introduce, literalmente, “hasta la cocina” del mundo de la gastronomía contemporánea.
En cuanto a mí, si me preguntan, prefiero unas humildes quesadillas de quelites a cualquier embrollada especialidad culinaria.

 

Por: David Velázquez

Reseña del libro: Un cadáver entre plato y plato, Tom Hillenbrand, Grijalbo, México, 2014


 

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