Mi Dios es Poesía: Raúl Zurita y los desiertos de nuestro tiempo

Hace apenas unos días fuimos testigos del ceremonioso encuentro de Donald Trump ante el mundo como presidente de Estados Unidos. En su toma de protesta, también presenciamos la tradición republicana de omitir el prólogo de algún poeta en la apertura de sus administraciones políticas por considerarlo superfluo e innecesario. En contraste con su antecesor, Barack Obama que recibió a Elizabeth Alexander en 2009 y Richard Blanco en 2013, o ejemplos como Maya Angelou y Miller Williams en la inauguración de Bill Clinton, y quizá también John F. Kennedy al invitar a Robert Frost. Cabe destacar que los demócratas tampoco se pueden ufanar de esta apertura, ya que muy pocos lo han asumido como un acto relevante, sin embargo, esto se suma a una disputa abierta y declarada contra los medios de comunicación y los artistas, por parte del actual presidente estadounidense algo que nos recuerda a los tiempos del Macartismo. Aquel tiempo en donde, cual cacería de brujas, el senador Joseph McCarthy persiguió y puso en lista negra a decenas de artistas, escritores, poetas, cineastas, etcétera, por su falta de nacionalismo, espionaje y afiliación al comunismo. Flashback histórico: el 11 de septiembre de 1973, bajo la dictadura de Pinochet, los artistas de Chile fueron perseguidos, encarcelados, puestos en listas negras, torturados y muchos de ellos asesinados por ser considerados una amenaza a los intereses ultranacionalistas que el gobierno buscaba construir. Pero no sólo los artistas y poetas se vieron amenazados por la dictadura, sino el país entero. Chile se convirtió en una cicatriz imborrable en la vida de muchos, entre ellos Raúl Zurita.

Raúl Zurita, poeta nacido en 1950, vivió las inclemencias de una dictadura fascista que lo encarceló y torturó no solamente a través de barreras físicas, sino más allá: en la tortura del espíritu al ver a su país sumido en lo que él llamaría el “infierno de Dante”. Fue justo en ese periodo que su poesía cimbró los cielos de Chile y los propios, convirtiéndose en una escritura de sobrevivencia más que de placer. Leemos en la nutrida antología de su obra Tu vida rompiéndose, que publica Lumen, cómo Zurita construye su propio peregrinaje hacia el rescate y la cura. A través de su poesía se articulan dos hemisferios: el del desierto y el insulto, en primer lugar, en contraste con el de la reconquista y el canto, en segundo. Ambos polos conforman una escritura colectiva, más allá de la personal. Leemos el acierto de escribir para que el otro nos hable de vuelta, una respuesta de la historia; de un país, quizá.

El poeta fabrica sus poemarios en medio de la Poesía, esa que va en mayúsculas. De un lado sus versos recorren la antítesis de la explosión: “Chile entero es un desierto/ sus llanuras se han mudado y sus ríos/ están más secos que las piedras”; “i. Miremos entonces el Desierto de Atacama/ ii. Miremos nuestra soledad en el desierto”. Porque lo brutal no es el grito sino la empatía con el dolor. No está en el chorro de tinta roja derramada, sino en la soledad que se comunica a través del silencio de su escritura. Por otro lado, su poesía no deja de sentirse cercana, propia, natural. Es abierta, no se oculta en el lenguaje para ser adueñada de quien la lea: “Entonces guárdame en ti/ en los torrentes más secretos que tus ríos levantan/ y cuando ya de nosotros sólo quede algo como una orilla tenme también en ti”; “mis amigos creen que/ estoy muy mala/ porque quemé mi mejilla”; “MI DIOS ES HAMBRE/ MI DIOS ES NIEVE/ MI DIOS ES NO/ MI DIOS ES DESENGAÑO…”.

Raúl Zurita ha sido un poeta de la resistencia, una figura para la poesía chilena de lo experimental, la apuesta y el ansia por articular su tiempo. “La poesía es el intento, el más vasto y más desesperado para decir con palabras de este mundo cosas que ya no están en las palabras de este mundo”, opinó el poeta en la entrevista realizada por Cristian Warnken en el 2006. El poeta como un loco sigue haciéndose presente: ¿qué significa el reclamo de la poesía hoy en día?, ¿qué significa la poesía de Zurita para este tiempo? El poeta dejó de ser el profeta para convertirse en el “testimonio fiel de un sentimiento único”. Así, Zurita es hoy un reclamo vigente ante el temor y la brutalidad, la constante en la memoria; es también la rebeldía a cualquier consideración “superflua” de lo que defina al ser humano. Es un poema escrito en cualquier desierto que habitemos durante tiempos de dictadores y tiranos. Su poesía es política, porque toda poesía lo es; eso está en la genética del lenguaje, como opinaría Jameson Fitzpatrick en su poema I woke up.

Finalmente, la poesía nos une, crea puentes de palabras que acortan la distancia. La poesía hoy no se extingue sino que evoluciona con sus muertos y sus anhelos, en continua afrenta con quienes la rechazan. La poesía hoy no romantiza, no se lo permite; sin embargo no huye de quién la lee, acompaña. No hay optimismo gratuito en los poemas de Zurita, salvo el anhelo de caminar e ir recolectando imperfectas memorias que recuperen nuestra humanidad, nuestra esperanza.

«Convertir el delirio en razón, sin abolirlo, es el logro de la poesía.»

—María Zambrano

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