Mira las estrellas

«Toda esta historia humana, apasionada y trágica para sus criaturas, no parecía en la vida de la Galaxia sino un esfuerzo minúsculo, estéril e insignificante, que duraba sólo unos momentos. Cuando se desvaneció del todo, la multitud de sistemas planetarios seguía viviendo.»
Olaf Stapledon, Hacedor de estrellas

Recientemente un grupo de investigadores de la Sociedad Astronómica Americana concluyó que la galaxia en la que habitamos, la Vía Láctea, está en el borde de un enorme vacío de más de mil millones de años luz; una especie de burbuja en cuya superficie se encuentra la materia, pero que está vacía por dentro.

Es por éste y otros asombrosos hechos por los que la astrofísica quizá sea una de las ciencias más extraordinarias. Sus teorías o postulados a veces parecen rozar la magia —no es de extrañar que en literatura la ciencia ficción y la fantasía sean géneros hermanos—: el universo se expande, en teoría se puede viajar a través del tiempo por medio de un “agujero de gusano”, quizá hay otros universos además del nuestro, si un agujero negro se traga nuestro planeta podemos quedar como espagueti… Y la lista sigue.

Uno de los representantes más afamados de esta ciencia es Stephen Hawking, quien escribió junto a su hija Lucy La clave secreta del universo, un libro ideal para pequeños y grandes, que invita a descubrir por primera vez el cosmos.

Los Hawking narran la historia de George, un niño cuyos padres están tan obsesionados con la ecología que no confían en los avances tecnológicos. Un día, sin embargo, el puerco de George se pierde; en medio de la búsqueda de su amigo, George se topa con un nuevo vecino, un científico que le enseñará las maravillas secretas del universo. Además de la fascinante historia de George y su descubrimiento del cosmos, el libro tiene tablas que definen conceptos básicos de la física, así como imágenes sobre planetas, nebulosas, lunas, galaxias, cometas y más astros.

No es tan común encontrar libros de divulgación científica dirigidos a los más pequeños, menos aún sobre astrofísica. Conozco la historia de una niña, por ejemplo, que solía ver documentales históricos, de dinosaurios o sobre el cosmos. Estos últimos sin embargo eran los que más le atraían. Ver los planetas, las galaxias y la negrura que rodeaba todo le causaba fascinación y miedo. Después de ver el documental, cuenta, ya recostada en su cama no lograba dormir, sentía que ese vacío negro saldría de debajo de su cama y la llevaría consigo. Años después sigue viendo esos documentales y ya no se esconde debajo de las sabanas por las noches. Pero estoy segura de que si pudiera regresar en el tiempo, hubiese preferido descubrir por primera vez el universo a través de una historia como la de los Hawking.

Es normal, supongo, sentir miedo del espacio, del cosmos. Cómo no sentir miedo de un lugar donde no puedes estar sin el equipamiento adecuado, donde no puedes moverte. Cómo no sentir miedo de la oscuridad. Cómo no sentir miedo cuando miras esas esferas gigantescas. Cómo no sentirse tan pequeño en comparación. Según algunos científicos, el universo tiene 13 mil millones de años; la Tierra, más de 4 500 millones de años; y el humano, apenas 300 mil años. Eso es nada, cómo no sentirse un suspiro en el tiempo.

Ya lo decía otro famoso científico y divulgador, Carl Sagan: somos sólo “polvo de estrellas”, y de vez en cuando no nos haría mal recordarlo al alzar la cabeza y mirar las estrellas. O al menos al sumergirnos por primera vez en los conceptos básicos que hacen funcionar nuestro universo.

Reseña de La clave secreta del universo de Lucy y Stephen Hawking, Montena.

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