Mis cinco libros favoritos de 2017

El asesino que no seremos (Debate), de Federico Mastrogiovanni. La historia de Edwin, el protagonista, da pauta para que el autor lleve su quehacer periodístico a rumbos más personales, a la crítica gremial (activismo/parcialidad), a una refracción de futuros que atienden a los contextos sociales. Leo las historias de un expandillero y de un periodista en un ejercicio sincero de búsqueda, en general.

¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? (Debate), de Katrine Marçal. El concepto Homo economicus no me lo enseñaron con ese nombre, pero sí me lo mostraron como modelo económico único, como regla “de vida”. Pero no. En este ensayo vemos cómo esa “verdad absoluta”, cómo esa visión tajante y minimizadora se discute y exhibe su caducidad. Es un gran libro sobre economía y el papel de la mujer, seas o no feminista (por si alguien se espanta).

Mi hermano persigue dinosaurios (Nube de Tinta), de Giacomo Mazzariol. Es un libro sobre diversidad, miedos, amor y síndrome de Down que —¡gracias!— parte de vivencias y no de suposiciones cursis y paternalistas. Desde la perspectiva de un chico que anhela un hermano de cómplice y modelo, nace Giovanni, para no realizar las cosas tal como había imaginado. Me parece un texto muy inteligente.

En legítima defensa (Grijalbo), de Ana Katiria Suárez. Hace cuatro años muchos nos enterábamos —con rabia y frustración— del caso de Yakiri Rubio, quien no sólo fue víctima de dos violadores (y de no ser por su astucia, asesinos), al igual lo fue de un sistema de justicia corrupto, en el que se actuó evadiendo la razón única de su existencia: impartir justicia. En cambio, sí se procedió para perpetrar el tráfico de influencias y compra de testigos. Por fortuna una abogada con perspectiva de género tomó la defensa y ganó. Este libro reúne los hechos.

Demiurgo (Alfaguara Juvenil), de José Luis Trueba Lara. De los libros más oscuros con que me encontré este año. Ahonda en los sentimientos y deseos más viles que habitan un ser, en los alcances del dolor y el goce de terceros al generarlo. Entre vampiros, hombres lobo y un escenario infernal adquiere sentido absoluto la frase: “Sólo se odia lo que alguna vez se amó”. Con un dominio terrorífico sobre historia y cultura en general, Trueba Lara teje el amor de una joven herida.

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