No importa adónde vayas

No importa adónde vayas, nunca podrás escapar de los horrores que te persiguen. Estoy acostumbrado a escuchar a colegas en el trabajo y en la universidad quejarse de la vida diaria para que luego rematen con un: “Me urge irme de vacaciones”. Me llama la atención ese deseo por descansar de la ciudad en pequeñas dosis. La idea de viajar a una cabañita en el campo reluce en nuestra mente por su sencillez, un pretexto para hacer lo que en nuestro ambiente cotidiano no podríamos con toda plenitud; como dar un paseo tranquilo, disfrutar de los sonidos del ambiente, despejarnos de las multitudes, cumplir alguna fantasía sexual o deshacernos de alguien a quien odiamos…

En El juego de Gerald, Jessie Burlingame nos invita a pasar unos días con ella en una solitaria cabaña en el bosque. Como el erótico juego donde su marido la esposa a una cama ha salido espantosamente mal, ella se encuentra sola y atrapada, vestida únicamente por unas delgadas bragas. Ahora la acompañaremos en su tormento mientras somos testigos de las voces que en su cabeza habitan y cada vez son más impertinentes al obligarle a enfrentarse no sólo a la cruel situación, sino también a los fantasmas de su pasado y a los demonios personales que mantenía encerrados tras la vieja y polvosa puerta de sus recuerdos.

Stephen King se toma muy enserio aquello de dejar algo de sí en la construcción de sus personajes. Básicamente, se retrata en la inmensa mayoría de sus entregas como protagonista. Esto, lejos de sentirse como una auto-inserción molesta, se convierte en una manera sincera y carismática de abordar la historia. Nos ayuda a crear un vínculo empático con los personajes del libro, los entendemos a ellos y sus acciones; independientemente de si estamos de acuerdo con ellos o no. El acercamiento que nos regala King en su papel de narrador omnisciente se difumina en los pensamientos de sus personajes.

Otra característica con la que identificamos el particular sello de King en esta novela es el enfermizo juego de la paternidad. Aprovecha los recuerdos de la preadolescencia de Jessie, para revelar un culposo complejo de Electra que se suma al temor por el abuso sexual. Esta desgarradora mezcla de confusas emociones se presenta en un simbólico escenario, un eclipse total de sol. Evento que se conecta directamente con otra novela del autor, Dolores Claiborne.

Con una adaptación cinematográfica próxima a estrenarse, El juego de Gerald es una excelente opción para aquellos que disfrutan del maestro del terror. Ya desde el primer capítulo nos mantiene expectantes con el contundente gancho que maneja, mantiene a Jessie al borde de su integridad y la lleva al límite de todas sus capacidades. Descubrir a la protagonista en cada capítulo nos permite cuestionarnos sobre todos los horrores que bloqueamos en nuestra mente y nos obligamos a olvidar, ¿quién no guarda momentos eclipsados en el baúl de los recuerdos?

Escrito por
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