Otras maneras de terminar un libro

Un posibilitarista, para Christy Wampole, es quien flirtea de manera constante con las hipótesis, quien busca los reversos y demás caras de una cosa; a diferencia de alguien que ocupa su tiempo en formular certezas, aquél se pasa los ratos sembrando dudas que intenta responder, consciente del carácter efímero, incluso inútil de su labor; su tiempo también se divide entre la contemplación (que ha de servirle de motor a la hora de lanzar sus interrogantes) y la acumulación de experiencias que pareciera olvidar, pero a las que, con un despiste del tiempo, vuelve para mirar siempre desde un ángulo distinto con el propósito de dotarlas de un sentido (en caso de que lo tuvieran).

Si a un posibilitarista le pusieran un libro en frente y le preguntaran “¿qué harás con él?”, las características ya mencionadas nos permitirían inferir que leerlo sería sólo uno de los potenciales usos que el sujeto advertiría en el objeto, y en el caso de elegir la lectura como único fin, el homo posibilitatis sabría que el ejercicio de leer no termina cuando aparece el punto final. Hacia lo que ocurre cuando una página ve su fin es a donde apuntan las opciones de ¿Qué harás con este libro?, volumen que recoge las cinco piezas teatrales que José Saramago escribió en el tránsito de 1979 a 2005.

El Luís de Camões que el escritor portugués llevó a la pieza “¿Qué haré con este libro?” sabe que la escritura de Os Lusíadas trasciende el momento en el que las lleva con Antônio Gonçalves para negociar su impresión; sabe también que si las palabras no tienen un eco en las acciones, entonces resultan estériles. Pero ¿cómo llevar a cabo las palabras si no hay cuerpos que las muevan? es una de las preguntas que lanzan los personajes de “In nomine Dei”, obra que nos muestra, entre otras cosas, las facetas que adopta el poder cuando alguien se emborracha con él, y que cuestiona la manera en que, bajo el pretexto de defender las creencias, los seres humanos aniquilamos lo que no se nos parece: “Dios mío, dime ¿precisas realmente de todo esto para mostrarnos tu grandeza?”

Como parte del juego de opciones tenemos además “La segunda vida de Francisco de Asís” que Saramago le ofrece a este santo, aunque no se trate del santo precisamente. Esta vida teatral presenta la vuelta de Francisco a la que otrora había sido una orden religiosa, ahora devenida un corporativo, donde el valor de las acciones parece exacerbado frente al de las palabras que, a fuerza de tanta repetición, se deslavaron, o cambiaron de significado. Encontramos también otra experiencia de ser don Juan en “Don Giovanni o El disoluto absuelto”; aquí la confrontación que personajes como Doña Ana, Doña Elvira o la estatua del Comendador le hacen al burlador nubla parcialmente la seducción de Don Giovanni, al mismo tiempo que fisura la imagen del arquetipo, dando como resultado evidente otro final.

Tal vez en “La noche” está una de las líneas que podría condensar el teatro del escritor lusófono: “La revolución está en la calle”, en lo cotidiano y, en ese sentido, me parece que el teatro de ¿Qué harás con este libro? conforma un algo congruente: de poco nos sirven las palabras si nos las utilizamos para actuar y para explorar, muy a la usanza de los posibilitaristas, otras opciones de ensayar los días.

(Y ya que hablamos de actuar, ojalá no pase mucho tiempo para que, haciéndole justicia a los textos, estas cinco obras sean puestas en escena).

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