Pólvora en un siglo de Paz

Octavio Paz nació el 31 de marzo de 1914 en la Ciudad de México, en la calle de Venecia; antecedente por el que fue llamado, por sus amistades más allegadas, el poeta veneciano. Así rompe Christopher Domínguez Michael, en su investigación Octavio Paz en su siglo, un primer mito en torno a la vida del escritor mexicano. A esta mención le continúan, a lo largo de doce capítulos, variados registros anecdóticos, en voz del autor y otros colegas cercanos como Sheridan, Krauze, Sicilia, Lafaye, Reyes, Elena y Laura Helena Garro, primera esposa e hija con quienes conoció íntimamente una doble cara, de amor y odio, entre otros.

Narraciones de amor, poesía, relatos de enemistad y conflictos como la famosa pelea con Pablo Neruda, cuando en 1937 Paz viaja a España, invitado por Neruda, para asistir al Congreso de intelectuales antifascistas; diferencias ideológicas que casi llegan a los golpes y de las que cuenta un poco en El ogro filantrópico (1979), poesía crítica, crónicas de complicidad y lucha, poesía de identidad. Episodios que dibujan, con escrupulosos trazos, el retrato de un hombre con historia, forzado a escribir lo que el cúmulo de evocaciones ideológicas, de esas que forman sentimientos y arrebatos vehementes, desbordaban su alma.

Octavio Paz descubierto a partir de la contemplación y trascendencia de su ser íntimo y real, a través de la mirada de aquellos que conocieron su reflexivo y versátil temperamento. Recopilación de piezas poéticas que amalgaman una personalidad y reconstruyen el rompecabezas de un hombre eterno que encarna su prosa, la rebasa y se dirige en vertiente opuesta a la de sus letras, y a distancia se miran, se reconocen unidos por un vínculo tenso, jamás quebrantado, que termina por hacerlos una sola poesía; romántica, natural, defensora, transitoria.

Refugio de pasión y vida con la sólida base que constituyeron sus más importantes influencias como Breton, Keyserling, Unamuno, Fanon, Sarmiento, Martínez Estrada, Duchamp, Zea, Samuel Ramos; autor de El perfil del hombre y la cultura en México (1934), obra por la que Paz es acusado de plagio y criticado severamente. La completud intelectual del poeta, que albergó una ideología universal, lo ha dispuesto perteneciente al mundo. La pertenencia del mundo en el poeta logró su completud.

Poseedor de un siglo porque resguardó en su sangre la lucha social de los primeros años, heredero de una afinidad revolucionaria e intelectual: su abuelo fue general bajo las órdenes de Porfirio Díaz, periodista, diputado y senador en varias ocasiones, autor del lema oficial del gobierno mexicano “Sufragio efectivo, no reelección”, Paz tenía diez años el día de su muerte. Su padre, aunque estuvo ausente la mayor parte del tiempo debido a su alcoholismo, su exilio y finalmente a su temprana muerte, fue un abogado intelectual zapatista, murió arrollado por un ferrocarril en 1936, impactante suceso que narrará años después Octavio Paz en Pasado en claro (1975). La influencia de estos dos personajes marca la obra del escritor, intercalando su aparición en sus ciclos creativos. Posteriormente forjó su propia doctrina; unificación marxista, heterodoxa, socialista, liberal, surrealista…, y conmocionó la segunda mitad del siglo con su particular filosofía, definida por la influencia del surrealismo, y en particular encontrada el día que conoció a André Breton.

Christopher Domínguez enfatiza esta mezcolanza de influencias simultáneas que envolvieron la vida de Paz y adornaron su carácter polifacético para concebirlo finalmente como Jefe espiritual, portavoz de la conciencia humana. Poeta y amante, crítico y adversario, político y defensor social. Surgió así el artista místico, romántico, cambiante y transformador.

Octavio Paz en su siglo se desenvuelve desde los acontecimientos de infancia, la complicada vida en familia y la problemática social, atiende las circunstancias de juventud, los enigmáticos conflictos en sus tormentosas historias de amor, la hostilidad con la que muchos impugnaron siempre su pensamiento, las acusaciones en contra, los disgustos, las críticas, peleas, enemistades y, por supuesto, la imagen que de esta coyuntura apareció reflejada en el espejo de sus obras más importantes; como la referencia que hace de su padre en el retrato del mexicano de El laberinto de la soledad (1950) según sus biógrafos; la descripción de su entonces pareja, Elena Garro, transformada en una ciudad, Mérida, o el relato de esa misma relación tempestuosa, en la historia de Abelardo y Eloísa, en La llama doble (1993). Pero, finalmente, sobresale el indiscutible valor del poeta mexicano, comprometido con responder las grandes interrogantes de identidad nacional, que, alejado de la corporeidad, vuelca su total significación en lo que llamó su verdadera casa, la poesía, aquella que habitamos todos. El hogar donde coexiste la espiritualidad que dialoga, sobre todas las cosas, con su exclusivo lenguaje poético.

Este testimonio es la aportación de un testigo verídico, que se ha rehusado a silenciar las revelaciones, documentadas, vividas y recopiladas sobre Paz, sobre uno de los más grandes poetas y personaje imprescindible de nuestra historia y política; el trabajo de Christopher Domínguez Michael es un acto relevante por lo que nos comparte y nos detalla, por ejemplo, la misión de Paz como servidor público y su alejamiento como embajador de México en Nueva Delhi, en la India, como protesta por los acontecimientos deplorables de 1968 en México.  Confidencias que desarropan al intelectual para internarse en la vida y opiniones del hombre, para guiar al lector también, a echar un vistazo a lo insondable de su espíritu, de su conciencia. No basta reconocer a Paz sólo como gran artista, personajes como el, que escudriñan en temas de la cultura e intentan replantearla “exigen un segundo reconocimiento: voz y voto, no sólo admiración”.

 

Por: Esilda Anayansi

 

Hablamos del libro:

Octavio Paz en su siglo, Christopher Domínguez , Aguilar, 2014.

 

 

 

 

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