¿Puede la soledad ser buena compañía?

Estar solo es a veces la mejor medicina para ciertas heridas, pero…  ¿Y si pasamos demasiado tiempo a solas?

¡Oh, vamos! Quién de nosotros no estando a solas ha sentido la necesidad de inventarse algo así como una vida paralela, situaciones en las que uno tiene mejor posición económica o es el héroe en un accidente o en un asalto rescata de “algo” a una persona de ensueño y vivimos felices para siempre.

¿Y qué pasa cuando esta vida de ensueño es la real y la física una vida paralela?

Esto es lo que pasa a Cheryl protagonista de este ensueño narrativo de Miranda July en El primer hombre malo, ella vive por fuera una existencia aburrida, sin detalles, ni compañías, ni familiares, no necesita presentarse en su trabajo todo el tiempo y apenas si se relaciona con los demás –aunque eso si le gustaría que fuera distinto–. En su vida existe sólo un jardinero –porque venía con la casa– al que evita todo el tiempo y del cual cree saber algunas cosas; mientras que por dentro su vida “real” es un poco más activa, pues tiene una relación sentimental con un hombre que existe y con el que incluso trabaja, además tiene una relación muy especial a través de tiempo y espacio con un niño, pero no cualquier niño, más bien es algo como…, como…, ni la misma Cheryl sabe bien cómo, pero lo importante es que ese niño lucha por estar con ella y eso le basta, y desde luego, Cheryl tiene la vida resuelta en cómodas rutinas diarias.

¿Y si le quitaran esta soledad? ¿Qué pasa cuando el castillo de nuestra soledad es roto por una persona que llega a nosotros como un ariete?

Un día llega a la vida de Cheryl –la exterior– Clee. Una rubia explosiva que entra en su casa pero no encaja en su sistema de vida. Ella es totalmente distinta a lo que esperaba de la compañía de alguien, más aún, de una compañía femenina.

Clee es una persona que pasa el día frente al televisor, es agresiva con Cheryl, come siempre del microondas y es pésima en el aseo personal. Sin pasar a los detalles de la “ayuda en casa”, Clee es indeseable,  pero quizá sea la pieza clave para “curar” esas ensoñaciones… ¿o para hacerlas realidad? De todas formas Cheryl necesitará terapia, y tal vez algún curso de defensa personal.

A través de una prosa dinámica y divertida –digna del mejor stand up de las vegas–, Miranda July nos obsequia un retrato íntimo de la sociedad norteamericana, de aquellos que se quedaron a la mitad del sueño americano. Es un retrato nostálgico de las medias vidas a las que están sometidos todos aquellos que confiaron en que un sistema y unas normas bien definidas son la base de una existencia feliz. Poco a poco nuestra protagonista comprenderá que nuestras metas son alcanzables, aunque no lleguen como esperamos y que posiblemente lamentemos después alcanzarlas. Con todo, ella hará lo posible por conseguirlo, aun cuando eso signifique salir de su confort y enfrentarse a su verdadera existencia.

La autora pone de manifiesto toda una vida dedicada a la comedia y escribe una novela que nos puede hacer reír con más ánimo del que alguna vez tendremos, pero también nos hará llorar y pensar: ¿soy feliz? ¿O sólo es mi soledad?

El primer hombre malo de Miranda July (Literatura Random House).

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