Radiografía del infierno

El que sostenga la opinión de que la novela negra en México ya se ha agotado tendría a bien aventurarse a ese descenso a los infiernos que es No manden flores, de Martín Solares. La novela nos presenta un díptico cuyo detonante es el secuestro de la hija de un empresario prominente de La Eternidad, un trasunto de la costa noreste de México donde Solares sitúa una narración que no pretende simplemente reflejar la realidad, sino ampliarla. En la primera parte del texto nuestro protagonista es Carlos Treviño, un ex policía que había escapado de La Eternidad tras granjearse la enemistad de la policía y que ahora vuelve tras ser contratado para encontrar a la desaparecida. La segunda parte, en una suerte de espejeo perverso, nos sitúa en la perspectiva de Margarito González, ex jefe de Treviño bien conocido por su corrupción y cuya relación con el secuestro resulta incierta.

Carlos Treviño se nos presenta como un personaje desconfiado, y esa paranoia la comparte el lector conforme la pesquisa va revelando la fiera competencia entre los cuatro carteles que se disputan la plaza de La Eternidad y la manera en que esa pugna ha permeado y devastado todas las relaciones sociales en la ciudad. En la segunda parte de la novela, la complejidad de Margarito González nos permite explorar a un personaje que supera el estereotipo del policía corrupto y, a la par de que se van revelando algunos misterios, conocemos el trasfondo de cómo el jefe de policía se ha convertido en lo que es.

La narración está repleta de giros inesperados y Solares demuestra en cada página su capacidad para mantener un ritmo vertiginoso sin romper con la verosimilitud. Los diálogos están bien trabajados y el uso del lenguaje da cuenta de un escritor en pleno dominio de su oficio. Estos recursos conforman una radiografía precisa del ambiente infernal de una región del país que se ha visto transformada profundamente por el crimen organizado. Sin embargo, no se trata de la misma visión simplista que a menudo se encuentra en las novelas encasilladas como literatura sobre el narcotráfico, sino que Solares plasma la complejidad de la psicología de los individuos que se ven involucrados en esa realidad violenta, ya que son personajes que se alejan de la caricatura y en ciertos momentos, incluso, llegamos a sentir empatía por algunos de ellos.

Por más que al abrir el libro se nos advierta que los elementos de esta narración “son imaginarios y no pretenden aludir a personas vivas o regiones desfallecientes”, No manden flores es usa novela de ficción inteligente, esa que nos golpea con el amargo sabor de la verdad.

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