Rey de Picas o la maestría de Joyce Carol Oates

En agosto del presente año el diario El País publicó una extraña nota acerca de un conocido escritor que preparaba una novela basada en el brutal asesinato de una pareja de ancianos y su nieto ocurrido en la provincia oriental de Zhejiang. Durante muchos años, la policía interrogó a más de dos mil personas para dar con el paradero de los asesinos, sin embargo fue inútil. El caso quedó estancado pero nunca se cerró. A partir de un nuevo asesinato y de la actualización de la base de datos de la policía se concluyó que el asesino de Zhejiang era el escritor Liu Yongbiao, quien usaba su experiencia de primera mano para escribir las novelas que le dieron fama en la localidad. Al momento de su detención, sólo pronunció: “He estado esperando este día durante mucho tiempo”.  

Una anécdota similar se desarrolla en Rey de Picas (Alfaguara, 2017), la novela más reciente de Joyce Carol Oates. Contada en primera persona y a partir de pequeños capítulos, el libro se centra en Andrew J. Rush, un exitoso escritor de novelas negras. A primera vista, la novela de Oates parece centrase en algo muy simple: la vida personal y perfecta de este escritor, cuyo único pesar es que sus libros no aparecen en las listas de revistas especializadas de literatura. No así su alter ego literario Rey de Picas, quien ha llamado la atención de críticos y lectores con sus cinco novelas que destilan crueldad y violencia extrema. Y es ahí donde la trama se empieza a complicar.

La vida personal perfecta de Andrew J. Rush (su esposa refinada, sus hijos educados en buenas universidades, su casa y autos de lujo, el respeto y la admiración del ciudadano modelo) son metáfora de lo que es su escritura: tradicional pero meticulosa; académica pero predecible. Para contrarrestar este aburrimiento perfecto, J. Rush utiliza a Rey de Picas como válvula de escape para destilar sus más crueles, perturbadores y “ociosos” pensamientos. El escritor declara, una y otra vez, que él no sería capaz de leer este tipo de literatura pero sí de escribirla. A medida que la trama avanza el límite entre el escritor real y el ficticio se va quebrando y es ahí donde la novela parecería ser un libro más del bien y el mal encarnado en un solo ser. Sin embargo, Oates teje muy fino y logra crear un personaje complejo y de psique ambigua.

Así, un pensamiento suelto por aquí de Rey de picas, intercalado con anécdotas turbias, perversas y crueles que vivió J. Rush por allá, en medio de dos lectoras atentas y obsesivas (su hija y una autora desconocida) van acorralando al escritor para que devele de golpe quién es en verdad: si es el escritor perfecto, modélico, meticuloso incapaz de romper sus esquemas morales y académicos, o si es el escritor capaz de cometer cualquier acto, cualquiera, en aras de enriquecer su escritura y erigirse como el mejor en el ámbito de la novela negra.  

Oates no le da tregua a su personaje y tensa más sus pensamientos y acciones, no sólo al ponerlo frente a frente con su alter ego literario Rey de Picas, sino al estamparlo directo con una de sus “lectoras” que lo acusa de plagio. Así, Andrew J. Rush no sólo tiene que lidiar con el personaje que él construyó, un elemento interno, sino con una escritora/lectora atenta y voraz, meticulosa e imaginativa que constantemente le recuerda que su escritura es la copia de la copia de la copia de escritores consagrados en el género. Pues si Rey de Picas es una novela psicológica, también es un repaso extraordinario de autores, técnicas y novelas fundamentales del género negro y de terror, desde Poe y su cuento El gato negro hasta autores contemporáneos como Stephen King y sus novelas más aclamadas.

Ante este panorama la novela parece ser un mal sueño para Andrew J. Rush, de una realidad distorsionada, carcomida por Rey de Picas y su acusadora y su creciente alcoholismo para lidiar con esta vorágine imaginativa, literaria. Así, Joyce Carol Oates soporta su novela en la intrincada psique de su protagonista. A partir de pequeñas frases, de detalles, de ideas que en un contexto parecen inofensivas pero que a la vista del comportamiento errático, obsesivo, cruel y altivo de Rush adquieren otra interpretación.

Rey de Picas es una montaña rusa que avanza poco a poco hacia la pendiente para luego dejar caer al abismo al lector. Al igual que Liu Yongbiao, Andrew J. Rush se libera del tormento que vivió durante cinco meses, dos semanas y tres días.  

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