Salman Rushdie

Su obra se centra, sobre todo, en la religión y la historia musulmanas, con lo cual adquirió unos conocimientos teóricos y académicos sobre los que articular su ideología política, ligada siempre a las circunstancias de su país y de otros países en situaciones similares a las del suyo, en los que la historia de la colonización y de los colonizadores se superpone al sustrato cultural autóctono, en gran parte constituido por leyendas y mitos. Con el objetivo de dar una voz alternativa a la historia de esos países, reinventada por Inglaterra, y de su andadura tras la descolonización, ha escrito la mayor parte de sus novelas. Así, en Hijos de medianoche, obra que alcanzó fama internacional y por la que fue galardonado con diversos premios en el Reino Unido y Estados Unidos, narra, a través de los avatares de una saga de la India, la historia de ese país desde la proclamación de la independencia.
En su siguiente novela, Vergüenza (1983), en cambio, desgranó la historia de Pakistán. Su voz contestataria y de intelectual implicado se vio amenazada de muerte en 1989 a causa de la publicación de los Versos satánicos, obra considerada blasfema por el ayatolá Jomeini, quien dictó orden pública de ejecución a toda la población musulmana del mundo. Durante varios años, Rushdie vivió bajo protección policial y en un cierto aislamiento. Sus actividades de crítico literario en The Observer fueron controversiales. En 1990 publicó un cuento infantil, Haroun y el mar de las historias, la historia de un relator de cuentos que pierde las ganas de narrar, entristecido y amenazado por los enemigos de la libertad de expresión. Y su último gran libro ha sido Joseph Anton, sus memorias.

En una entrevista que le hace El País, dice:

En cuanto a mi interés por la fantasía, me parece importante subrayar algo fundamental, que a veces se nos olvida: la frontera entre la realidad y la imaginación no es algo fijo. El realismo es sólo una forma más de describir el mundo, y no es necesariamente la mejor ni la más interesante… El realismo no es más que una convención. Si es necesario, recurro a ella, pero no es el único recurso ni mucho menos.

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