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Sobre la familia Romanov
María Fernanda Gómez Peralta comment 0 Comentarios access_time 4 min de lectura

¿Alguna vez tuvieron uno de esos maestros de historia que les contara los sucesos de la monarquía como si fuera un chisme? Yo tuve una maestra así en la secundaria. Tomaba páginas y páginas de apuntes. Es algo así lo que pasa con la primera parte de Las hermanas Romanov, un libro minuciosamente documentado por la historiadora Helen Rappaport.

Lo primero que supe de los Romanov fue gracias a mi educación sentimental, cuando era niña, que vino de la película de Anastasia (1997), que es más un cuento de hadas inspirado en la gran duquesa real.

La narración aquí comienza con tanto detalle sobre la arquitectura y los interiores de los lugares que pude oler la cera de abeja , y ahora, más que haber leído un libro sobre la monarquía, me queda la sensación de haberme adentrado en la intimidad de los cuartos y las costumbres de la familia Romanov.

Todo empieza con la hija de la reina Victoria de Inglaterra, luego sigue con su nieta, Alix, más tarde conocida como Alejandra Romanov. Alejandra es de las pocas afortunadas, como su abuela, que se casó por amor, y la cosa es que aquí no sólo se habla de las hermanas, sino también de su madre. Las grandes duquesas, hijas de Nicolás y Alejandra Romanov, eran, según su orden de nacimiento, Olga, Tatiana, María y Anastasia; por último, estaba el zarévich: Alexey. ¿Han visto todas esas series y películas sobre cualquier monarquía en las que existe una presión política y social sobre la reina por parir al próximo heredero al trono? Pues sucede igual acá, con la desgracia de que cuando al fin nace el tan esperado zarévich, resulta que heredó una terrible enfermedad de la familia de su madre: la hemofilia.

Uno no escoge su lugar de nacimiento ni sus circunstancias. Los Romanov no tuvieron mayor o menor poder de elección de nacer donde nacieron que las familias de trabajadores que fueron acribilladas por los cosacos cuando iban a presentar una petición de reformas políticas y laborales al zar. Una revolución no se fragua en un par de meses, ni siquiera en un par de años. Nicolás heredó el trono a un país con varios conflictos políticos internos, que pudo haber manejado de manera diferente pero quizás el haber puesto primero a su familia y a Rusia fue su perdición: ni en el peor momento quiso separarse de su familia ni abandonar Rusia.

Las hermanas Romanov es un libro duro y conmovedor. Abre la ventana a la vida familiar e íntima que llevaron los Romanov, al consuelo que siempre buscaron en la religión, al cariño que las niñas siempre tuvieron por la gente que las cuidaba, el altruismo que heredaron de su abuela materna (el atender a soldados heridos o coser prendas como les enseñaba su madre) y a la desesperación de Nicolás y Alejandra por salvar a su hijo. Desesperación que los llevó a recurrir al controversial Grigori Rasputín (quien estaban seguros era un hombre de Dios).

Lo que más me enterneció de este texto fue la oportunidad de conocer a esta familia a través de los ojos de la autora, porque antes que ser los últimos de la dinastía Romanov eran simplemente una familia, y agradezco profundamente haber tenido la oportunidad de leer y ver (en fragmentos de cartas y fotos) a la verdadera Anastasia que era sólo una chica: irreverente, burlona e inteligente; mucho mejor que una versión ideal a partir de películas o leyendas. Las mujeres reales son mejores ejemplos de educación sentimental que las mujeres idealizadas y romantizadas.

 

Créditos de imagen. 

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