¡Y esto se cerró!

Tal cual, el año terminó (en cuanto a libros publicados) y uno hace un repaso por todos los títulos que dejó pasar. Total, el drama y la autodescalificación deben ser dictadas con profunda sinceridad. Pero… —y aquí hasta corrijo la postura— también tengo historias de éxito en cuanto a lecturas que inundaron mi corazón (en realidad la lista es más larga):

El último infierno, de J. Jesús Lemus. Ejemplo rotundo de periodismo narrativo.

Una historia de violencia, de Óscar Martínez. Crónicas que logran mostrar, y en parte explican, cómo está funcionando la violencia en Centroamérica en este momento.

La verdadera noche de Iguala, de Anabel Hernández. “Periodismo de rendición de cuentas” sobre uno de los episodios más terribles de impunidad: la desaparición de 43 alumnos de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos. Denuncia y señala, con nombres y apellidos, a los culpables, incluyendo al gobierno mexicano.

Una historia oral de la infamia, de John Gibler. Da voz a los alumnos de la Escuela Normal Rural sobre cómo vivieron el 26 y el 27 de septiembre. Para entender todo el tema, creo con absoluta sinceridad que aquí se debe empezar.

En busca del señor Jenkins, de Andrew Paxman. ¡William O. Jenkins debería ser incluido en las clases de historia! Es parte trascendente de la historia de México. Gran acierto que una investigación tan rigurosa y dedicada esté publicada en un tono así de amable.

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