En busca del Incal

La primera vez que leí El Incal era demasiado pobre para gastar en cualquier cosa que no fuera mi sustento, así que lo hice en un indigno archivo pdf (con baja calidad, pixeles por doquier, emplanes cortados, pasajes ilegibles… pero al asombroso bajo costo de un par de horas buscando en foros de cómics). La experiencia fue iluminadora, pues el texto al parecer inocente y divertido de Jodorowsky muy pronto se convirtió en una verdadera experiencia espiritual; es como una sesión de enteógenos entre las páginas de un libro: puedes acabar riendo o llorando, pero no vuelves a ser el mismo. Acceder a esta obra, aún en condiciones tan precarias, significó para mí un verdadero descubrimiento: se pueden hacer historietas que no sólo sean divertidas, sino que además planteen preguntas importantes sobre nuestro mundo interior.

El origen de esta pieza magistral de la ciencia ficción (un gran maestro diría que de la “ficción especulativa” en general) está en la ambición de Jodorowsky por adaptar al cine Dune, la aclamada novela de Frank Herbert (otra de las joyas de la corona de este género), para la que reunió a la gente más talentosa de su generación (Giger, Dalí, Welles, Moebius, Jagger y muchos más se encontraban en sus filas) en un derroche de creatividad sin precedentes para la época. Lamentablemente, Jodorowsky jamás obtuvo el presupuesto y se quedó con incontables bocetos, un guion acabado, un storyboard completamente terminado y un grupo de gente talentosísima que empezó a llamar la atención de la gente de Hollywood.

Incapaz de lograr la ambiciosa obra que se había propuesto, Jodorowsky se acercó a Moebius y le propuso escribir la historia de John Difool, un detective ordinario que se ve envuelto en una trama que lo supera en toda medida, pues sin apenas darse cuenta se convierte en instrumento del Incal, un artefacto que encierra un inmenso poder y al que media galaxia busca para acceder a él. Aprovechando el trabajo que ya habían realizado para Dune, pusieron manos a la obra y al poco publicaron “Una aventura de John Difool” en 1981, en la revista de ciencia ficción Metal Hurlant, fundada por Moebius ( que generaría una verdadera revolución en el mundo del cómic en general, y en el de la ciencia ficción en particular). La historia cautivó a propios y extraños, y se extendió a lo largo de 25 años, durante los cuales se completó el arco principal del relato y se exploraron tanto el pasado de John Difool (Antes del Incal) como lo que sucedió después de la célebre aventura (Después del Incal, El Incal Final).

Si bien la historia principal es muy clara (una cruzada espacial por salvar el destino de la galaxia, llena de sátira y alusiones metafísicas y esotéricas), es en el arte de Moebius donde la novela alcanza su clímax: son imágenes potentes, llenas de un estilo sublime y místico que dice mucho más sobre la historia que los propios diálogos. Y muchas veces va más allá al proponer una narrativa paralela al guion, que ofrece muchos niveles de lectura a medida que nos acercamos a los detalles. Otras veces cambia completamente la apariencia de los personajes, sobre todo de John Difool, siguiendo sus impulsos creativos o atendiendo a la escena en cuestión. Esto hace que cada vez que leamos la obra nos quede una sensación distinta, como si al cerrar las cubiertas o cambiar la página el libro siguiera transformándose, agitándose y cambiando sin que nos diéramos cuenta.

Por todas estas razones, cuando descubrí que Reservoir Books había impreso una edición integral de El Incal no pude contener la emoción: ¡por primera vez tendría acceso a los dibujos y al color original, en una edición reeditada por el propio Moebius! Por si fuera poco, este volumen agrega un apartado extenso sobre los misterios del Incal y “En el corazón del metabúnker”, un capítulo correspondiente a La casta de los metabarones, otra novela gráfica de Jodorowsky (aunque el capítulo incluido aquí fue dibujado por Moebius, la edición integral salió de la imaginación de Juan Giménez), que explora el origen de uno de los personajes principales de esta historia, el Metabarón, heredero de una larga genealogía de guerreros espaciales.

Finalmente, sólo me queda cerrar con una invitación, para todo aquel interesado por la ficción especulativa, el cómic y las grandes historias, a no dejar pasar la oportunidad de sumergirse en un mundo fascinante y estimulante, una verdadera obra de arte moderna.

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