El collage de la memoria

“Si la locura es contagiosa, la mía comenzó siendo venérea. Y antes todavía de ser condenado la fui tomando gota a gota de las bocas que he amado. Donde la noche por fortuna se me hizo doble, triple, cuádruple, eterna. Eso nunca fue menos locura que esta otra que después me ha merecido encierro. Al contrario, esa es la verdadera sinrazón que nos mantiene vivos”.

Un hombre al final de su vida elige a su familia, a sus ancestros. Vive internado en un hospital psiquiátrico. Escribe y dibuja. Mientras, al otro lado del país, un escritor recibe cartas anónimas, postales, collages con fragmentos de una vida, de un personaje que esconde su cara y su nombre, pero insiste en contar sus sueños y tormentos conforme recupera la memoria.

Este hombre, que poco a poco se va develando, también nos descubre el siglo que le tocó vivir; comienza con la revolución bolchevique de 1917 y el posterior asesinato de Trotsky en su casa de Coyoacán. Tiene cien años de vida y sus recuerdos son una luz intermitente que, cuando se apaga, nos deja sus anónimos para seguir descubriéndolo. Letras que, como hormigas, fueron llenando de palabras páginas de vida. ¿Hasta dónde uno es dueño de su memoria, sobre todo cuando los recuerdos son una serpiente que muda de piel cada cierto tiempo?

Cuando la intriga parece colmar la paciencia del escritor, luego de no encontrarle ni pies ni cabeza al laberinto que suele ser la vida de los otros expresada en anónimos, collages y postales, su colega, Lawrence Weschler, quien escribe en The New Yorker, lo pone en contacto con un neurólogo que trabaja en una clínica psiquiátrica de Vermont. Un médico peculiar llamado Oliver Sacks, quien resulta ser el facultativo de ese paciente a punto de morir.

Los sueños de la serpiente, la nueva novela de Alberto Ruy Sánchez, es un terreno de arenas movedizas que nos va devorando. Entre más la andamos, más profundo llegamos a la psique de sus personajes, a la realidad del siglo que les tocó vivir, años de guerra, holocausto y exterminio, pero también, un tiempo de creación y descubrimientos.

Fuera de las fronteras de Mogador y con una gran madurez literaria, Ruy Sánchez nos entrega la crónica de un siglo, reconstruida desde la memoria de uno de sus protagonistas. Dividida en dos grandes apartados, en el primero conoceremos cómo el escritor descubre a este personaje que vive entre la realidad y el delirio; en el segundo, él nos contará las epidemias ideológicas del siglo XX. Nos develara personajes fascinantes que poblaron las paredes de su habitación-celda en el psiquiátrico: su familia escogida, sus padres, los artistas plásticos Adolf Wolfli y Aloïse Corbaz, y su hermano mayor, Martín Ramírez, campesino y cristero, hasta que llegamos a él, Juan, Johnny o Iván, quien creció en Sonora y emigró a Estados Unidos como bracero.

Juan, que tiene la capacidad de todo escritor de adoptar la personalidad de sus personajes, en el país vecino del norte, pronto trabajará en una armadora de autos, donde tiene su primer contacto con los rojos soviéticos y emigrará a Rusia, lugar en el que un nombre marcará su destino, Trotsky. Juan, desde el palacio de su memoria, sabe que le queda poco tiempo de vida y, así como escoge a sus ancestros, también decide quién será su heredero.

Los sueños de la serpiente es una novela cercana a la autoficción, acompañada de ilustraciones y fragmentos manuscritos, donde la realidad a veces nos roza y el lector, como aquel escritor que impartía un taller de escritura creativa en Banff, Canadá, donde conoció a Juan, pronto descubrirá que también él ha sido elegido para integrar esa peculiar familia hecha de retazos de revistas y poemas, para completar el collage de la memoria.

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