El señor García

García Márquez

Crónica de una muerte anunciada / Literatura Random House, 2014

Era inocultable que García Márquez no estaba tan bien como los medios dijeron el mes previo a su muerte. Según ellos, el hombre gozaba de excelente salud, pero lo que no entendí fue que no dio ni una palabra a nadie, o ninguno lo consignó (por alguna razón que sólo saben los reporteros que estuvieron aquel día, cumpleaños 87 del autor) salvo aquello de que estaba muy contento y muy feliz; en las imágenes televisivas se le veía aplaudiendo y con una sonrisa que, no sé, parecía ya de otro mundo. Aquello era, pensé, la Crónica de una muerte anunciada: el rostro del señor García decía algo más que sólo gracias por felicitarme.

Desde luego todo esto son elucubraciones infundadas a las que sumaré que el autor de la novela cuya portada ilustra este texto haya muerto un jueves santo, mismo día en que murió uno de sus personajes de otro de sus libros.

Algo que ni a él se le habría ocurrido inventar, pensé también.

Me entristeció su muerte, debo decirlo, a pesar de que solamente he leído esta novela y Relato de un náufrago, y a pesar de que no conocía gran cosa sobre la vida del autor. Me parecía un buen tipo que escribía con pasión, sin pretensiones de la grandeza que sí tuvo. Nada más.

Pero no puedo decir que me sentí más triste como con la muerte de Santiago Nasar. Iba yo en el metro y no pude evitar cerrar el libro y tener ya varias lágrimas escurriéndose, inoportunas. Estaba en shock y gratamente sorprendido de haber leído aquello (pues lo leí, me propuse, lejos de prejuicios). Pero más allá de los detalles dramáticos que abundan (otros muy melosos) en la historia, lo que me deslumbró, sin duda, fue la forma como está escrita: de qué manera -tan chingona- el señor García cierra el círculo que abrió al empezar por el final: a pesar de que se sabe que la muerte del personaje es irremediable, uno quiere un final distinto, un destino que no sea fatal, una equivocación milagrosa del autor.

Pero no sucede.

Si tuviera la oportunidad (quizá sea esta) de decirle a alguien cómo escribir una crónica periodística, no dudaría en mencionar este libro, recapacité pasado el llanto. Los elementos periodísticos que permean la narración son precisos (las fuentes de información que implican los varios personajes y lugares; lo que dicen unos y lo que ocurre en los otros); el narrador no deja cabos sueltos (para escribir Crónica de una muerte anunciada el señor García se basó en un hecho real) y con la contundencia de las descripciones el texto transcurre vertiginosamente, sin tropiezos. Relata, básicamente, los hechos previos a la muerte de Santiago Nasar. Nos cuenta, con maestría periodística, cómo pasó.

El ejemplar que tengo está firmado por mi Señora, con fecha 5 de enero de 2012. Ella, como con muchas otras lecturas, me lo recomendó: “Un día como hoy encontramos este libro. Ahí estaba arrumbado en el suelo, junto a otros libros llenos de polvo. Y de pronto recordé cómo lo había leído hace algunos años. Iba en la preparatoria. Buscaba un libro de química y de pronto me encontré en el pasillo de literatura. Eché un vistazo en los estantes. Pasé el dedo entre los tomos. “Este”, dije al detener el dedo en un libro pequeño de pasta verde botella. Crónica de una muerte anunciada. Gabriel García Márquez. No sabía nada del texto ni conocía al autor. Lo leí y me gustó. Espero te guste, también.”

Ella sabe que así fue.

Apenas hace unos días una amiga me pidió que le recomendara un libro. Me aproveché del contexto y le dije que leyera éste. Me preguntó por qué. Esta es mi respuesta.

 

Samuel Segura

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