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El amor filial en la obra de Jane Austen
Fernanda Gómez Peralta comment 0 Comentarios access_time 6 min de lectura

Debo confesar que con el tiempo me cuesta cada vez más trabajo empatizar con las heroínas de Austen. No recuerdo cómo fue que su primer libro llegó a mis manos, creo que fue en algún punto después de haber visto la película de Orgullo y prejuicio (2005) que leí el libro. Me gustó, me gustó el personaje de Lizzie y la historia y quería más, así que leí Persuasión y la carta que el Capitán Wentworth le escribe a Anne casi al final de la novela me sigue pareciendo al día de hoy una de las cartas de amor más bellas en la literatura.  

Se me parte el alma y vacilo entre la desolación y la esperanza. No me diga, por Dios, que ya es tarde, y que esos bellísimos sentimientos no anidan ya en su pecho. Nuevamente me ofrezco a usted, y mi corazón es aún más suyo ahora que cuando me lo destrozó hace ocho años […]

Sin embargo, en mi primera semana de la universidad entré en un debate al decir que mientras me agradaba Jane Austen creía que era un Disney para adultos. Me sigue gustando, pero al mismo tiempo disfruto cada vez menos el eje de los romances en la mayoría de sus historias. Con la edad me frustra cada vez más la urgencia de muchos de los personajes y de todas las mamás de las protagonistas de encontrarles marido y de casarlas bien.

Imagen: estereofonica.com

Al mismo tiempo me doy cuenta que estoy siendo muy dura, y que no puedo juzgar ni a textos ni a mujeres de hace dos o tres siglos con los ojos de alguien del siglo XXI. Sí, entiendo que tal vez Austen estaba abordando un estilo satírico pero la realidad es que encontrar marido en aquella época era una preocupación real. Casarse bien era básicamente la única manera de las mujeres de no quedar desamparadas, de no ser una carga para sus padres, de no quedar a la deriva económica al no poder heredar. La disidencia común en todas sus heroínas es que se negaban a casarse por otra razón que no fuera el amor, lo que en aquellos tiempos era verdaderamente una decisión valiente.

Analizando a Austen diez años después de la primera vez que la leí puedo apreciar muchas otras cosas aparte de las historias de amor. Su manera de satirizar y plasmar el intimismo y, en muchas ocasiones, las falsas cortesías con las que los ingleses de aquella época debían convivir es de las más importantes.

Imagen: filmaffinity.com

Originalmente este texto iba a ser sobre las impresiones de mi novio viendo Sensatez y sentimientos, pero por una u otra cosa no la pudimos terminar de ver. Sus primeras impresiones fueron que Hugh Grant era muy simpático como Edward Ferrars, y John Willoughby le provocó cierta desconfianza al ser tan extrovertido y aventado. También concluyó que Alan Rickman como Christopher Brandon era bastante galán en aquella época y que todos los hombres vestían con mucho estilo. Sobre los personajes femeninos no comentó tanto. Puedo notar que se fijó en quien se pudo identificar o verse reflejado.

Ahora que revisité Sensatez y sentimientos no me importó tanto la historia de amor. Lo que vi con más atención esta vez fue la relación entre las hermanas, entre Marianne y Elinor. Aunque Elinor es la sensatez y Marianne los sentimientos de manera un tanto superficial, evidentemente son hermanas y mientras una puede tener un carácter más sensato y la otra uno más arrebatado, creo que es seguro decir que ambas piensan y sienten con la misma complejidad, sólo eligen expresarlo de maneras diferentes. La relación principal del libro, para mí al menos, es la relación de hermanas, la paciencia y el entendimiento al que llega una de la otra a pesar de las diferencias. Vemos esto también en Orgullo y prejuicio, donde Lizzie y Jane son confidentes, aunque no las percibo a ellas tan diferentes en carácter como a Marianne y Elinor, son las únicas de esa familia que se entienden, dejando de lado a las tres hermanas menores e incluso a sus padres. Ellas dos parecen ser las únicas de esa familia que hablan el mismo idioma, y no puedo evitar pensar en Jane misma y su hermana Cassandra. Ninguna de las dos se casó, aunque ambas tuvieron propuestas de matrimonio, el prometido de Cassandra falleció antes de que se pudieran casar y Jane canceló su compromiso al día siguiente de haberlo aceptado. Ellas son las verdaderas hermanas de todas las novelas de Austen, el origen, de carne y hueso, las mujeres reales que fueron confidentes a lo largo de toda su vida. Sobrevivieron alrededor de 100 cartas entre ellas, dicen que Cassandra destruyó dos terceras partes de toda su correspondencia. Y quiero cerrar con un extracto en el que Cassandra habla sobre la muerte de Jane.

He perdido un tesoro, tal hermana, tal amiga que nunca podrá ser superada. Ella era el sol de mi vida, el brillo de cada placer, la calma de cada pena; no tenía ningún pensamiento que ella no conociera, y es como si hubiera perdido una parte de mí misma.

Puede que ya no empatice con algunos aspectos de los personajes de Austen, porque eran circunstancias sociales que yo no tuve la desgracia de enfrentar, aparte de tratarse de una cultura completamente diferente a la mexicana, pero de lo que estoy segura que es atemporal y universal es la hermandad y la tranquilidad de saber que puedes enfrentar mejor al mundo con tu amiga/hermana a tu lado.

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