La tregua: un diario, una novela y un puente

Cuando leí La tregua por primera vez tenía alrededor de quince años y comenzaba a interesarme por la literatura. Confieso que la historia de amor entre sus protagonistas, que desde cierto punto de vista podría considerarse prohibida, me atrapó de inmediato y desde  entonces no han dejado de interesarme las historias de amores contrariados, como diría García Márquez. La historia que relata La tregua es sencilla y creo por eso es universal: el enamoramiento de dos personas, la felicidad como destello y posteriormente el desencanto.

La tregua es una novela escrita en forma de un diario, el de Martín Santomé, quien relata en sus páginas su enamoramiento y breve historia con Laura Avellaneda, una mujer veinticinco años menor que él. La cercanía del lector con el relato es indudable, ya que Mario Benedetti era uno de los escritores más famosos de su época con el don de crear obras literarias que les hablaran directamente a las personas sobre los temas que les interesaban y preocupaban. Benedetti era un escritor popular, sus novelas y poemas acercaron a varias generaciones a la literatura y me parece que ese es su principal valor.

Uno siempre recuerda los grandes libros y los clásicos de la literatura universal, pero aquí me gustaría pensar un poco en aquellos libros, como La tregua, que nos provocaron un primer gusto por la lectura, el interés por seguir leyendo aunque fuera por obligación escolar e incluso la inquietud por escribir, en aquellos años en donde no teníamos conocimiento u opinión respecto a la literatura. Yo estoy segura que a más de uno le hizo sentir algo nuevo alguna obra o poema de Benedetti, entender cómo funcionaba una metáfora o dolerse por el fatal desenlace de una novela.

Me gusta llamar a estos libros, que nos acercaron a la literatura en nuestras primeras veces, libros puente, ya que quienes decidimos cruzarlos y seguir el camino de la lectura y el aprendizaje, nos encontramos con un universo de posibilidades interminables como lo es la literatura. Y después de haber cruzado, ya no hay retorno.

Agradezco a todos esos libros, como La tregua, que a mis quince años me hicieron pensar que había muchas maneras distintas de entender el mundo que las que yo conocía, muchas maneras más de pensar y de sentir, agradezco a ese pasado que hoy me da la oportunidad de seguir transitando por este camino.

Más textos de Ketrín Nacif Goddard

Una carta de amor desde el siglo XVI

Don Garcilaso de la Vega y de Guzmán: Mi señor, apenas he...
Leer más

1 Comment

  • Coincido contigo, con tu definición de los libros puente…En mi segundo año de secundaria como literatura obligatoria me tocó leer El Lazarillo de Tormes…sin saber de que trataba desde el primer capítulo me enganchó y no paré de leer y reír al mismo tiempo…desgraciadamente hoy son una especie en extinción los maestros de vocación….a mis 60 años aún recuerdo con agrado al Profesor Bustamante, mi maestro de literatura de secundaria…posteriormente vinieron Juan Salvador Gaviota y La Noche de Tlatelolco…libros que dejaron huella en mi vida

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *