Muerte y suicidio en Hamlet

“Tal vez te ama ahora,

y ahora ni una mancha ni un engaño

empañan la virtud de su intención;

pero debes temer, si piensas en el peso

de su grandeza, que su voluntad

no esté en su mano: pues él mismo

está sujeto a su linaje

[…]

Témelo, Ofelia, témelo, querida hermana.”

 

El fragmento anterior forma parte de la conversación que Laertes y Ofelia entablan antes de que éste parta rumbo a un viaje. Él, temeroso de las verdaderas intenciones de Hamlet, apremia a su hermana a tener cuidado, e, incluso, a temerlo. De la relación de Hamlet y Ofelia poco sabemos (“Recientemente, mi señor,/ me ha hecho muchas proposiciones/ de su afecto hacia mí”) mientras leemos este diálogo. De Hamlet, sabemos que acaba de ver al espectro de su padre; de Ofelia, tan solo que, a pesar de seguir los consejos de su hermano y las advertencias de su padre, cree en los “sagrados juramentos” del príncipe de Dinamarca.

Este diálogo, a la luz de los hechos que acontecerán a lo largo de la obra, se revela como una profecía que va más allá, incluso, de las intenciones de Laertes. Digo esto porque, al advertir a su hermana de esta relación, lo que Laertes teme es que Hamlet deshonre a Ofelia: “quédate tras el baluarte de tu afecto/ lejos del dardo y el peligro del deseo./ La más escrupulosa de las vírgenes/ es demasiado pródiga/ si destapa a la Luna su belleza”. Pero, en realidad, lo que Hamlet hace a Ofelia es mucho peor que lo que Laertes imaginaba, pues, en lugar de engañarla y desvirtuarla, las acciones de Hamlet provocan que Ofelia muera. Que Ofelia se suicide.

Casi todos los personajes que mueren en la obra se Shakespeare son asesinados: el padre de Hamlet, Polonio, la madre de Hamlet, el rey, el mismo Hamlet… Pero Ofelia, como ya dije, muere de una manera distinta: ella misma se quita la vida, ahogándose en un lago.

Asimismo, otro elemento que diferencia la muerte de Ofelia de la del resto de los personajes asesinados – a excepción de la del padre de Hamlet, que sucede fuera del tiempo de la diégesis – es que sucede fuera de escena. El espectador se entera de ésta a través de la narración del suceso en voz de otros personajes; Ofelia no vuelve a aparecer y tan solo sabemos que, tras perder la razón, se ha ahogado. Aunque hemos visto a Ofelia trastornada – cantando canciones de cuna, delirando en medio del palacio – la noticia de su muerte nos toma desprevenidos.

Aunque el resto de las muertes en la obra acontecen de una manera similar – asesinatos que, las más de las veces, son causados como venganza en una interminable lucha de poderes – quizás aquella que se parece más a la muerte de Ofelia es la de Hamlet. Sé que Hamlet no se suicida, pero creo que puede ser interesante pensar su muerte, también, como un suicidio.

Desde la primera escena de la obra, cuando el protagonista descubre al espectro de su padre – quien le pide cobre venganza por su supuesto asesinato – atestiguamos no sólo el inicio de un plan de venganza de Hamlet, sino, también, el comienzo de un camino que lo llevará a perder la razón, tal como sucede con Ofelia. Dicho plan es exitoso, pues Hamlet logra matar al asesino de su padre, a pesar del “daño colateral” que necesariamente provoca (la muerte de su madre, por ejemplo). Pero este plan es también una sentencia de muerte, lo cual Hamlet muy probablemente ha intuido desde el comienzo. Así, después de lograr su objetivo, la muerte de Hamlet, aún si fue a manos de Laertes, es también provocada por sí mismo. Por esa pérdida de razón que lo ciega, que le impide continuar con su vida, que lo obliga, finalmente, a perderlo todo, incluida Ofelia.

Entonces, lo que distingue y relaciona las muertes de Ofelia y Hamlet es este elemento de locura. Tal como la muerte de Hamlet inicia cuando pierde la razón, Ofelia, también, termina con su vida tras el trauma que provoca la muerte de su padre. Una de las razones por las cuales propongo esto es un rasgo muy particular que presentan ambos personajes antes de su muerte: los dos pierden la noción de lenguaje, su comunicación con el mundo exterior se vuelve imposible, fragmentaria, absurda e, incluso, sospechosa.

Así, por ejemplo, describe Horacio la pérdida del lenguaje “normal” de Ofelia:

 

“Habla constantemente de su padre;

dice que se ha enterado de que en el mundo hay trampas;

y gime, y se golpea el corazón,

Patalea ofendida por cualquier nimiedad,

Dice cosas dudosas, que sólo muy a medias

tienen algún sentido; su discurso no es nada.”

 

Para Hamlet, también, el lenguaje se vuelve insuficiente para expresar lo que siente. Tan solo basta recordar su famoso “words, words, words” para entender la disociación entre el lenguaje y la realidad que acompaña al estado de Hamlet y que, consecuentemente, lo llevará, como expliqué antes, a una muerte que más que un asesinato, parece ser, también, un suicidio.

“Témelo, Ofelia, témelo, querida hermana”. Laertes no imaginaba, tras pronunciar esta advertencia, que Hamlet representaba mucho más que un pretendiente inmoral que podría robar el honor de su hermana y de su familia. Porque después de esta escena, en la obra se desarrollarán eventos que llevarán, primero, al asesinato de su padre a manos de un Hamlet ciego de odio y venganza por otro hombre – el Rey, asesino, a su vez, de su propio padre – , y, consecuentemente, a que Ofelia pierda la razón, destruida por la muerte de su padre, así como perturbada ante los actos, las promesas y las palabras de Hamlet.

La locura de Ofelia es un reflejo de la de Hamlet. Pero ésta no es gratuita. Hamlet, tal como Ofelia, se ha encontrado en una situación que lo ha obligado a perder la razón. Ambos, desde el principio, se han visto aislados, pues para ninguno de los dos es claro dónde está la verdad, y quienes los rodean tan solo los confunden más. Ofelia, primero, es advertida de las supuestas mentiras de Hamlet con respecto a su amor, y, posteriormente, se hunde en el dolor del inesperado asesinato de su padre. Hamlet, por su cuenta, pierde toda noción de realidad tras ver (¿o imaginar?) al espectro de su padre, quien, además, exige ser vengado tras haber sido asesinado. Sí, Ofelia se quita la vida tras esta desastrosa serie de eventos, pero Hamlet también lo hace, pues, aunque no comete el acto con sus propias manos, sí que lo planea, puesto que, más allá de concebir un plan de venganza, forja, también, su propia muerte, para escapar, tal como lo hace Ofelia, de una realidad que no puede comprender.

Por: Paola Jalili

 

 

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