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Postales para David Miklos
Carlos Priego Vargas comment 0 Comentarios access_time 5 min de lectura
I

Cada vez que pienso en David Miklos la primera palabra que me viene a la cabeza es memoria. No conozco a ningún otro escritor contemporáneo que logre dibujar el esfuerzo de la inteligencia por proporcionar información sobre el pasado a partir de un suceso del presente. Toda persona ha tenido una experiencia similar: “miro de reojo la primera plana de un periódico en línea, anuncian la desaparición de un avión en el mar…cambio de semblante, mis ojos de pronto velados por el recuerdo de Laura, mi vecina de la infancia, muerta en un accidente aéreo junto con toda su familia, mamá, papá, un par de hermanos varones”.

El filósofo alemán Walter Benjamín, haciendo referencia a Marcel Proust, introduce la noción de la memoria involuntaria con la que plantea la posibilidad de que el recuerdo, más que ser producto de una acción consiente, brota de los oscuros parajes del inconsciente.

Lo que más admiro de Miklos es la extraordinaria capacidad que logró en su obra al momento de plasmar el tiempo como un devenir constante en que los momentos del pasado y del presente poseen una realidad igual. Esas cualidades raramente han aparecido juntas en un mismo escritor. Sí las logró Bataille, y Proust y Bergson; se han observado también en Baudelaire incluso en Sabato.  Con capacidad me refiero al genio de Miklos de integrar los grandes mecanismos psicológicos en una narración de aparentes trivialidades mundanas.

II

Escritores como Antonio Ortuño (El buscador de cabezas) o Luis Panni  (La hora mala) alaban el deslumbrante y enorme poder de la memoria narrativa que Miklos plasma en su escritura. Aunque siento gran admiración por la inteligencia, por la enorme capacidad de su mente para indagar en el pasado, eso no es lo que me atrae de su obra, lo que me atrapa en su trabajo es su capacidad de reinventarse, de reconstruir su yo, de reescribirse desde fuera para contemplarse, recrearse como objeto integral de ese mundo al que pertenece y que a su vez se encuentra dentro de él.  “Recuerdo…Mis amigos y yo jugamos a que somos exploradores, vamos al parque, inventamos cualquier aventura”.

III

Los que conocen la obra literaria de Miklos no escatiman adjetivos para elevarlo al cielo de escritores contemporáneos y lo cierto es que tienen muchas razones para hacerlo. La suya es una prosa sencilla salpicada de un tono confesional que trata de tender un puente entre el autor y el lector, un nexo  de complicidad en donde ambos pueden compartir sus experiencias, vivencias e historias.

Es cierto que La Pampa imposible es una historia que se divide en dos momentos claves para el protagonista. En uno revisa la historia de la casa donde pasaba su infancia durante el verano y el segundo,  su despertar sexual y adulto.

“Laura nada más nos mira, no participa, es cada vez menos niña, cada vez más un enigma para mí y para mis amigos, que aún tenemos voz de pito y nos excitamos por las razones y las mujeres equivocadas”.

Con esto el autor nos lleva a un terreno donde se rastrean todas las pérdidas o procesos que no resolvió y a partir de las cuales el protagonista construyó su existencia.

La obra de Miklos no está destinada a las elites lectoras (aunque puede ser adoptada en varios niveles), sino que es un punto de encuentro para lectores comunes. Gracias a su gran versatilidad de temas abordados en su novela como sexo, muerte, familia, infancia, recuerdos, amigos, demuestra que todo es digno de llevar al campo de la literatura donde el centro de todo este gran cosmos es el ser humano.

IV

Muchas cosas se pueden escribir sobre La pampa imposible, pero lo mejor ­es cerrar con una razón literaria. Lo ideal, para alcanzar el goce estético, es que todo texto sea leído dos veces, una para saber lo que dice y otra para ver cómo lo dice. Esta novela es un modelo de texto que una vez concluida la lectura invita al lector a mirar hacia atrás para comprender cómo el autor ha elegido conducir la historia.

En suma, es una experiencia de lectura que divierte y al mismo tiempo estimula la búsqueda del tiempo perdido a partir del uso de la memoria involuntaria.

Por todo lo anterior no exagero al decir que si viviera en estos tiempos de incertidumbre literaria, Marcel Proust sería un satisfecho lector de La pampa imposible. La última novela de David Miklos que parte de la siguiente tesis: aprender, al fin y al cabo, es recordar. Y al igual que en la obra compuesta por siete volúmenes del escritor francés, en ésta la memoria juega un papel secundario y no interviene más que como un medio para llegar a un fin. En este sentido se puede decir que es el relato de un aprendizaje, en donde el héroe aún no sabía algo, pero lo aprenderá más adelante, y esto dependerá de su búsqueda por lo verdadero.

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