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Roger Penrose, crítico de modas (científicas)
David Velázquez comment 0 Comentarios access_time 4 min de lectura

Quizá la tendencia científica de vanguardia más popular sea la física cuántica. A todos nos interesa saber cómo se originó el universo, hacia dónde va, cómo funciona, cuáles son sus secretos más profundos… En parte, esta popularidad se debe a la explotación que la ciencia ficción ha hecho de estos temas, pero también, como veremos, a una creciente influencia de ciertas teorías cuánticas entre la comunidad científica.

El problema es que por la misma naturaleza de estas investigaciones, que indagan en el tejido de la realidad, es muy difícil aterrizar y comprobar los conocimientos adquiridos. Pensemos, por ejemplo, en el LHC (Gran colisionador de hadrones), el experimento físico más grande (por no decir el más costoso) en la historia de la humanidad, que sin embargo sólo alcanza para chapotear en las aguas bajas de la física de partículas.

La buena noticia es que en la física no todo es experimental. La física teórica se ha encargado durante las últimas décadas a sondear los posibles escenarios que los descubrimientos experimentales conllevan. Pero no está exenta de problemas, pues es más especulativa que práctica. Así que todo lo que no podemos comprobar debemos imaginarlo, construirlo en modelos computacionales o matemáticos o, simplemente, dejarlo para la posteridad, cuando la tecnología o la teoría puedan probarlo o descartarlo cabalmente. Pese a todo, la física teórica es una de las disciplinas más fascinantes. Nos permite imaginar la respuesta a una serie de problemas a cuya naturaleza es virtualmente imposible acceder, y de una amplitud tan grande que abarca prácticamente toda la historia del universo. También por ello, es una de las más demandantes, que exige un rigor absoluto y una gran capacidad de análisis.

De nuevo, resulta problemático que exista una disyuntiva amplia entre lo que la física teórica propone y lo que es posible comprobar experimentalmente. Por poner un ejemplo, ¿cómo podríamos comprobar suficientemente que el universo tiene más de cuatro dimensiones, si sólo podemos percibir lo que sucede en el espacio (tres dimensiones) al correr del tiempo (cuarta dimensión)? Lo único que queda claro es que hay que poner mucha imaginación para siquiera acercarse a una explicación de este tipo. Esto nos lleva al tema central de este texto, y del libro que lo motiva: ¿si la ciencia no puede comprobar sus hipótesis, si debe fantasear en lugar de experimentar, sigue siendo ciencia?

Roger Penrose se toma este problema muy en serio, sobre todo si la ciencia de la que hablamos es la física cuántica. En su más reciente libro, Moda, fe y fantasía en la nueva física del universo, nos pone al tanto de los avances más recientes en la mecánica cuántica, la cosmología y la teoría del campo unificado (en particular la polémica teoría de cuerdas y sus variaciones) desde una perspectiva sumamente crítica que cuestiona el hecho de que algunas teorías parezcan estar de moda y gozar de más prestigio frente a otras igualmente plausibles, que se acepten cual dogma algunos paradigmas sin someterlos al examen de la razón solamente por influencia de la autoridad y que muchas veces la imaginación que se requiere para armar una teoría verosímil sea más importante que el aporte de las evidencias observables. Por supuesto que las tendencias, la fe ciega y la imaginación son útiles, como ya vimos, en la construcción del conocimiento, pero, como todas las cosas, es el exceso lo que puede ser dañino.

Penrose aborda cada teoría y cada problema con gran detalle. Se toma el tiempo de explicar los pormenores matemáticos y físicos, y contrastarlos con sus opiniones en un apabullante despliegue de conocimientos. Esto aporta una dificultad enorme para el lector promedio, poco familiarizado con las materias expuestas, pero Penrose hace su mejor esfuerzo por guiarnos con una serie minuciosa de apéndices explicativos, una abundancia de recursos gráficos y un ritmo pausado y cordial que más que ahuyentarnos, nos invita a seguir el ritmo de su análisis.

Moda, fe y fantasía en la nueva física del universo es un verdadero laberinto matemático: difícil de navegar, pero sólo porque su estructura es amplia y compleja. Como en un estereograma, al principio todo es confuso, pero una vez que atisbamos los primeros detalles del diseño que oculta, todo se vuelve más claro.

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