Sólo nos queda a veces bailar

Nunca tuve talento musical de ningún tipo.

No sabía tocar la guitarra ni coordinar mis pies. Supe muy pronto que cada vez que disfrutara la música lo haría un poco en el espectro del ridículo: el que no canta bien, el que sólo sabe tocar melodías de Mario Bros, en la flauta, el que pisa cuando baila, el que no tiene talento pero echa pa’lante.

Por fortuna me refugié en otras disciplinas artísticas en las que conservo mi compostura. Así, a través de libros, logré entablar una estrecha relación con la música. Leer me ha ayudado a no sólo conocer más canciones, sino a resignificar a ciertos autores y libros. Aquí presento a cinco de ellos (aunque cabe aclarar que sigo haciendo el ridículo cuando canto borracho).

  1. Lejos de Veracruz, de Enrique Vila-Matas

Creo que no pasan muchos días sin que escuche “Lejos de Veracruz”, de Agustín Lara. La canción es un canto a la casa que dejamos, a las memorias de juventud, a la inocente felicidad, pero también es una promesa que, ya grandes, intentamos cumplir: “Algún día hasta tus playas lejanas tendré que volver”, canta Lara. Mientras, Vila-Matas subvierte esa icónica línea en un inicio brutal: “No mucha gente sabe que a Veracruz y a sus playas lejanas jamás en la vida pretendo volver”.

  1. 1984, de George Orwell

Mucho antes de que Orwell llegara a mi vida, sabía que había un libro sobre una tierra totalitaria donde las mentiras que decía el gobierno eran la única verdad. Conocí a Orwell gracias a Radiohead, a través de una maravillosa canción del Hail to the Thief, “2+2=5”. Si bien la letra de la canción no hace referencia directa a la novela distópica de Orwell, el título la emparenta con la obra de Orwell. Dos más dos es cinco si el líder lo dice.

  1. Scott Pilgrim, de Bryan Lee O’Malley

No creo que vuelva a existir una obra que me hable tan personalmente. Si bien no crecí en Canadá, pasé mis años de juventud jugando lo mismo que Scott Pilgrim, de ahí que cada referencia a un videojuego me hacía sentir cercano a las emociones de los personajes y a su educación sentimental. La música en la obra de O’Malley tiene un papel bastante importante, los protagonistas tocan en una banda y gran parte de la trama se desarrolla gracias a eso. De todas las canciones mencionadas tanto en la novela gráfica como en su adaptación cinematográfica, creo que me quedo con la que dio nombre a la serie y al protagonista.

  1. El sentido de un final, de Julian Barnes

La memoria es tema central en la obra de Julian Barnes. Desde la forma en la que Flaubert vivió y escribió, hasta la historia del mundo y cómo nos relacionamos con ella. En El sentido de un final, Barnes se enfoca en relaciones y personajes más íntimos, en su vida diaria, en cómo es crecer y envejecer. El protagonista, Tony Webster, se ve envuelto en un recuento de un viejo y juvenil romance. En algún punto, la obra alude a una canción llamada “Every Day is Sunday”, una referencia al “Everyday is Like Sunday”, de Morrissey.  A propósito, el narrador añade que esa oración, “cada día es domingo”, habla a un sentimiento siempre eterno de la juventud: las ansias de que la vida, por fin, empiece.

  1. La radio en el pecho, de Eduardo de Gortari

La obra de Eduardo de Gortari existe gracias a la música. Y a los videojuegos y películas y series y libros que el autor ha leído pero, sobre todo, a la música. Desde los primeros textos publicados en revistas y en su plaquette, Singles, De Gortari ha dedicado su trabajo no sólo a referenciar canciones, sino a apropiarse de ellas, a reescribir sus favoritas. La radio en el pecho es, por momentos, más un playlist que un poemario. Quizá no exista mayor elogio para el autor.

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